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martes, 18 de enero de 2011

LA RED SOCIAL (u ojos que no ven, facebook que no siente)

La primera película que recuerdo haber visto fue El niño es nuestro (1973) de Manuel Summers. Me parece increíble que pueda recordarlo porque, entonces, sólo tenía 3 años, pero resulta evidente que las imágenes en movimiento que se podían ver en una pantalla me impactaron especialmente. Mis padres me cuentan, y de eso ya no puedo acordarme, que, también con 3 años, yo solito encendí una vez el televisor para ponerme a escuchar al crítico Alfonso Sánchez en el mítico programa Revista de cine, que emitía la segunda cadena de Televisión Española. Se podría decir aquello de se non è vero, è ben trovato, y que estaba, en algún modo, predestinado a acabar haciendo algo relacionado con el cine, con las películas y con todo lo que rodea a ese mundo. Al final, me he decidido a hacer este blog, que espero que les guste. Ya verán que aunque se habla de cine, no sólo se habla de cine... De ahí, la cita que pueden ver en el encabezado… Aprovechando que en la ceremonia de los Globos de Oro del pasado día 16 de enero, la gran triunfadora fue La red social, ésta será la primera película que comente. Que su temática esté relacionada con internet, también ayuda a que haya sido la primera película elegida, claro está.

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Título: La red social. Título original: The Social Network. Año: 2010. Nacionalidad: USA. Director: David Fincher. Guión: Aaron Sorkin, basado en el libro de Ben Mezrich The Accidental Billionaires. Música original: Trent Reznor y Atticus Ross. Intérpretes principales: Jesse Eisenberg, Andrew Garfield y Justin Timberlake. Página web: http://www.laredsocial-lapelicula.com

Alfred Adler fue un psicólogo austríaco que vivió entre 1870 y 1937. Discípulo de Sigmund Freud, se acabó separando de los postulados de su maestro y acabó creando una nueva escuela conocida como psicología individual. Una de sus aportaciones fundamentales fue la introducción de los conceptos de complejo de inferioridad y complejo de superioridad para explicar ciertos comportamientos. Según Adler, la sensación de inferioridad frente a los demás, que determinadas personas experimentan, puede ser el catalizador básico para desarrollar virtudes que compensen la mencionada sensación. Un ejemplo clásico es el de Demóstenes quien, siendo conocido como el más importante orador de la Antigüedad, padeció en su juventud e infancia determinados problemas vocales que le dificultaban de modo claramente palpable la pronunciación. Para acabar con el trauma que ello le originaba, desarrolló, de forma especialmente notable, unas habilidades oratorias que le permitieron superar el defecto que le atormentaba.

La red social, dirigida por David Fincher (Seven, El club de la lucha, Zodiac, El curioso caso de Benjamin Button), viene a ser una ilustración, quizás involuntaria, pero nítida y cristalina, de esta teoría. La película narra el nacimiento de Facebook y nos va mostrando, esencialmente, la personalidad de su fundador, Mark Zuckerberg. Sin entrar en la cuestión de si el contenido de la película coincide o no con la realidad (tema del que carecemos la información suficiente para poder juzgarlo), lo cierto es que la gran paradoja que se nos muestra es cómo un personaje con severas limitaciones para el desarrollo de sus relaciones sociales (tal como se nos muestra en la primera secuencia de la película) es capaz de crear la herramienta de relaciones interpersonales más potente del mundo contemporáneo. De hecho, cada frustración que el protagonista sufre se convierte en el acicate básico para impulsar el crecimiento de su proyecto a un nivel superior.




No cabe la menor duda, por tanto, que la visión que la película ofrece de la expansión de Facebook la asienta sobre la presunta base patológica de su creador. No obstante, este punto de vista que, si se quedara simplemente ahí, sólo serviría para crear una caracterización de brocha gorda, logra ser matizada de forma excepcional al contraponer a la figura del protagonista la de los gemelos Winklevoss. Estos dos hermanos, que demandaron a Zuckerberg porque se atribuían la autoría de la idea de la red social fundada por él, son retratados de forma ácida e implacable. Miembros de una familia adinerada, actúan, en el fondo, bajo la creencia de que tienen garantizado el éxito por ser quienes son (impagables la explicación que dan de la idea de su proyecto –ConnectU- y, sobre todo, la secuencia con el rector de la Universidad de Harvard). En la comparación con Zuckerberg, evidentemente sale ganando este último porque, a pesar de su carácter y de sus excentricidades, es capaz, sin contar con grandes medios, de construir algo importante y relevante, mientras que los dos gemelos no dejan de ser unos segundones a los que el triunfo se les escapa una y otra vez.

En esta película, David Fincher esconde, como ya consiguiera hacer en El curioso caso de Benjamin Button, la fría y cerebral puesta en escena que siempre caracteriza a sus realizaciones (y que llegaba a lastrar el resultado de, por ejemplo, Zodiac) e imprime a La red social un ritmo ágil y dinámico que engancha desde el primer momento. Entre las interpretaciones, Jesse Eisenberg logra una magnífica caracterización del personaje de Mark Zuckerberg (aunque a la hora de los premios, ha tenido la mala suerte de que este año hay otra gran interpretación: la de Colin Firth en El discurso del rey, película que comentaremos próximamente). La gran revelación es Justin Timberlake, que en su papel como Sean Parker (fundador de Napster y aliado de Zuckerberg en la expansión de Facebook), disipa las dudas sobre sus virtudes interpretativas. También conviene destacar el espléndido guión de Aaron Sorkin (entre cuyos libretos más conocidos se encuentran los de Algunos hombres buenos, Malicia y los de la serie El ala oeste de la Casa Blanca), que convierte los diálogos en un permanente tiroteo verbal que genera una sensación casi adictiva.

En resumen, yo diría que La red social no es sólo una película sino que acaba siendo el testimonio de una época: un círculo que, al final, se acaba cerrando y en el que dos personajes que, al principio, se desencuentran cara a cara, y que, en el desenlace, quizás también se acaban desencontrando en una comunidad virtual… Las formas cambian, pero el fondo no varía tanto como pueda parecer…

Nota (de 1 a 10): 9.

Lo que más me gustó: la agilidad de su ritmo, sin que llegue a perder claridad narrativa.

Lo que menos me gustó: que el público la pueda ver únicamente como una película de temática estrictamente empresarial, cuanto tiene más hondura.