Translate

jueves, 28 de julio de 2011

TRANSFORMERS: EL LADO OSCURO DE LA LUNA (o, en serio, la deconstrucción de la abstracción)


TÍTULO: Transformers: el lado oscuro de la luna. TÍTULO ORIGINAL: Transformers: Dark of the Moon. AÑO: 2011. NACIONALIDAD: USA. DIRECCIÓN: Michael Bay. GUIÓN: Ehren Kruger. MÚSICA ORIGINAL: Steve Jablonsky. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Shia LaBeouf, Josh Duhamel, John Turturro, Tyrese Gibson, Rosie Huntington-Whiteley, Patrick Dempsey, Frances McDormand, John Malkovich, Kevin Dunn, Julie White, Buzz Aldrin. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.transformersmovie.com/intl/es/.


Michael Bay, director de títulos como La Roca (1996), Armageddon (1998), Pearl Harbor (2001) o La isla (2005), realiza, con la película que nos ocupa en esta entrada, la tercera entrega de la saga que él mismo inició con Transformers (2007) y Transformers: La venganza de los caídos (2009). Las películas de Bay son el prototipo de cine-espectáculo absoluto, repletas de efectos especiales y marcadas por la acción frenética, con un estilo de montaje que se ha hecho famoso por su sucesión de tomas cortas y su ritmo desenfrenado. En su nueva película, sigue fiel a su estilo. Lo que sucede es que es un estilo sobre el que merece la pena detenerse un momento. (En la revista de internet Miradas de cine, también han hablado de la película y han llegado a profundidades a las que yo no me atrevo a llegar: http://www.miradas.net/2011/06/actualidad/criticas/transformers-3.html).



Ha habido directores que, en vez de utilizar los géneros cinematográficos como medios para hacer películas, han hecho películas como medios para cumplir a rajatabla las prescripciones y clichés de los géneros cinematográficos. Antes que concebir el cine como vía para expresar ideas o para contar historias originales, han utilizado el cine para homenajear al cine mismo y ensalzar historias ya contadas con anterioridad. La materia narrada quedaba liberada de cualquier contexto o, mejor dicho, era aplicable a cualquier contexto temporal, consagrando su validez permanente. La muerte tenía un precio (1965) y Hasta que llegó su hora (1968) de Sergio Leone, Infierno de cobardes (1973) y El jinete pálido (1985) de Clint Eastwood, El eslabón del Niágara (1979) de Jonathan Demme, Vestida para matar (1980), Doble cuerpo (1984) u Ojos de serpiente (1998) de Brian de Palma y todo el cine de Quentin Tarantino son ejemplos de películas que podríamos denominar “abstractas”, en la medida en que buscaban centrarse en los mecanismos formales y temáticos del género abordado, prescindiendo de cualquier tipo de marco histórico o circunstancial.


Michael Bay, en toda la saga de Transformers, no sé si consciente o inconscientemente, da un giro de tuerca al planteamiento descrito. Ya no se trata sólo de aplicar de modo sistemático los esquemas del cine de acción, sino de desmontarlos en nuestra presencia (es lo que he llamado la deconstrucción de la abstracción) y mostrárnoslos con regocijo a la vez que se recombinan, se reajustan y se transforman las piezas de los robots que dan título a la película.


El director parece decirnos: ¿Qué ha de tener una película de acción para que triunfe? Para empezar, un héroe que sea un buen chico con cara de angelito. ¿Quién mejor que Shia LaBeouf, con cara de no haber roto un plato en su vida? Seguro que si unos padres salen alguna noche, no dudarían en dejar a sus hijos al cuidado de este chaval… ¿Quién acompaña al héroe? Pues, claro, una chica. Y no una chica cualquiera: tiene que ser una chica supersexy. Y, por supuesto, no es importante que la actriz tenga dotes interpretativas. Es casi mejor que no las tenga. Por ello, es absolutamente lógico que Megan Fox (que hacía algún esfuerzo por realizar una interpretación digna de tal nombre) deje su paso a Rosie Huntington-Whiteley (modelo de Victoria´s Secret, que no hace ningún esfuerzo al respecto). Habiendo secretos de Estado de por medio que son ocultados a la opinión pública, ¿qué hace falta? Pues alguien que tomen por loco y que no lo esté tanto. ¿Y quién mejor que John Turturro que ya hizo de pirado en Barton Fink (1991) de los hermanos Coen? También un miembro de la Administración (Frances McDormand), que manifieste suficiente impericia (porque la Administración, ante una invasión extraterrestre, siempre toma, al principio claro está, medidas equivocadas). Y, por supuesto, faltan los oficiales del ejército (Josh Duhamel y Glenn Morshower) que ya son viejos colegas del héroe. Poco importa que en las dos primeras películas estos oficiales hayan demostrado que tienen pocos recursos contra los “malos” y que hayan hecho perder al ejército norteamericano varias compañías, armamento por valor de varios millones de dólares y toda una base militar en la Península Arábiga. Los vuelven a enviar (inexplicablemente) y, por supuesto, vuelven a fracasar lastimosamente porque, está escrito, mientras no acuda el adolescente inexperto a intervenir en el combate, la cosa no va a tener solución. Ya sólo quedan unos pocos detalles: los padres (Kevin Dunn y Julie White) que siempre están interviniendo y que se preocupan por lo que su hijo haga en su cuarto o cuántas entrevistas de trabajo vaya a tener, cuando aquél en lo que anda ocupado es en salvar al mundo del apocalipsis; un malo malísimo (Patrick Dempsey), que es un traidor que se pone del lado de los enemigos de los seres humanos y cuyos motivos son bastante estúpidos (o es que, quizás, no hay ni motivos, no queda muy claro), pero esto es irrelevante, tiene que haber un malo y ya está, no nos fijemos en tonterías … Y, por supuesto, mogollón de efectos especiales (además, en 3D, que molan más). Agitamos, removemos y ¡hala!, ya está: película de acción al canto.


Transformers: El lado oscuro de la luna tiene que ser vista de este modo: como la apoteosis de la acción pura, sin mensaje ni reparos ni subterfugios. Sólo así se pueden apreciar sus virtudes y comprender sus defectos, que pasan a un segundo plano cuando tiene lugar, en un Chicago fantasmal y apocalíptico, la lucha final entre los Autobots y los Decepticons.


Nota (de 1 a 10): 7.


Lo que más me gustó: el último tercio de película es absolutamente ES-PEC-TA-CU-LAR.


Lo que menos me gustó: John Malkovich ha tenido mejores momentos.

jueves, 7 de julio de 2011

INSIDIOUS (o cómo, en las películas del terror, los niños siempre vienen con un susto debajo del brazo)



TÍTULO: Insidious TÍTULO ORIGINAL: Insidious. AÑO: 2010. NACIONALIDAD: USA. DIRECCIÓN: James Wan. GUIÓN: Leigh Whannell. MÚSICA ORIGINAL: Joseph Bishara. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Andrew Astor, Lin Shaye, Leigh Wannell, Angus Sampson y Barbara Hershey. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.insidiouslapelicula.com/.

Si en una película de terror aparece un niño, el terror se acrecienta automáticamente. Esta afirmación puede parecer una tontería pero he hecho memoria y la lista de films en los que se da esta circunstancia es sorprendentemente larga (lo cual es indicio de que los directores conocen el potencial de este recurso y lo aprovechan conscientemente): El doctor Frankenstein (1931, James Whale), La torre de Londres (1939, Rowland V. Lee), La noche del cazador (1955, Charles Laughton), Suspense (1961, Jack Clayton), Los pájaros (1963, Alfred Hitchcock), El otro (1972, Robert Mulligan), El exorcista (1973, William Friedkin), La profecía (1976, Richard Donner), ¿Quién puede matar a un niño? (1976, Narciso Ibáñez Serrador), El resplandor (1980, Stanley Kubrick), Al final de la escalera (1980, Peter Medak), Poltergeist (1982, Tobe Hooper), Los chicos del maíz (1984, Fritz Kiersch), Aliens: El regreso (1986, James Cameron), El círculo (1998, Hideo Nakata, versionada en Estados Unidos en 2002 por Gore Verbinski), Dark water (2002, Hideo Nakata, versionada también por los norteamericanos en 2005, bajo la dirección de Walter Salles), Los otros (2001, Alejandro Amenábar), Dos hermanas (2003, Kim Jee-woon), La llave del mal (2005, Iain Softley), El escondite (2005, John Polson), [REC] (2007, Jaume Balagueró y Paco Plaza), El orfanato (2007, Juan Antonio Bayona), Déjame entrar (2008, Tomas Alfredson), Los ojos de Julia (2010, Guillem Morales)… A esta lista (casi seguro incompleta), viene a añadirse Insidious.

Dirigida por James Wan y escrita por Leigh Whannell (creadores de la saga Saw), y con un presupuesto (irrisorio para los tiempos actuales) de 1,2 millones de dólares, la película ha recaudado (según datos de www.imdb.com que he revisado con fecha 6 de julio de 2011) 102,9 millones de dólares a nivel mundial. ¿Producto del marketing o de la calidad intrínseca del film? Vamos a verlo.

En mi opinión, la condición irrenunciable que una película de terror debe poseer es empaque visual. En contra de lo que puede pensarse, ello no está relacionado únicamente con el derroche de efectos especiales y el empleo en ellos de cuantiosos recursos económicos. Carnival of souls (1962, Herk Harvey), La noche de los muertos vivientes (1968) o El proyecto de la bruja de Blair (1999) son films de terror de bajísimo presupuesto y su poderío visual es incontestable. Insidious, en mi opinión, está muy lejos de cumplir este requisito esencial.

Es cierto que el director de esta historia de niño afectado por un problema misterioso, sabe explotar al cien por cien el repertorio técnico que utiliza. Lo que sucede es que dicho repertorio es limitado y los trucos que lo integran son simples en la mayoría de los casos y acaban siendo repetitivos. Hay que reconocer que, a pesar de ello, el espectador se llevará tres o cuatro sustos de impacto y hay algunas secuencias muy bien hilvanadas, pero cuando la película termina te deja la sensación de que ha habido mucho ruido y pocas nueces. Estando el reparto correcto en términos generales (Patrick Wilson, Rose Byrne y Barbara Hershey cumplen con su solvencia habitual), creo que el film acaba siendo narrativamente pobre, aunque se deja ver sin demasiado esfuerzo. El recurso de “niño en película de terror” puede ayudar pero, evidentemente, no garantiza el éxito artístico.

En resumen, hay que felicitar por su magnífica recaudación a quienes hayan ideado la campaña de marketing. Han hecho perfectamente su trabajo.

Nota (de 1 a 10): 6.

Lo que más me gustó: es original el misterio que, finalmente, afecta al niño.

Lo que menos me gustó: lo que ocurre en los primeros minutos de la película es incoherente con lo que se revela posteriormente.

lunes, 4 de julio de 2011

X-MEN: PRIMERA GENERACIÓN (o así empezó todo, o quizás no, o a lo mejor fue de otra manera)


TÍTULO: X-Men: Primera generación. TÍTULO ORIGINAL: X-Men: First Class. AÑO: 2011. NACIONALIDAD: USA. DIRECCIÓN: Matthew Vaughn. GUIÓN: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Matthew Vaughn, Sheldon Turner y Bryan Singer. MÚSICA ORIGINAL: Henry Jackman. INTÉRPRETES PRINCIPALES: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon, Rose Byrne, Jennifer Lawrence, Oliver Platt, January Jones, Jason Flemyng, Alex González, Zoë Kravitz, Nicholas Hoult, Lucas Till, Caleb Landry Jones, Edi Gathegi, Michael Ironside (y, casi de forma clandestina, Hugh Jackman y Rebecca Romijn-Stamos). PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.x-menprimerageneracion.com/.

Ya cuando comenté Thor (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com/2011/05/thor-o-mejor-no-nos-metamos-en-las.html), hice mención a la efervescencia que vive actualmente el mundo del cómic. Hay un motivo profundo por el que el cómic ha adquirido tanta relevancia en los últimos tiempos: frente a la literatura o el cine, las historias que narra y los personajes que muestra se prestan a ser reformulados, reinterpretados y reinventados y esta condición va acorde con las circunstancias actuales de certezas precarias, verdades inciertas y transformaciones veloces. Ya comentamos en la entrada antes aludida a la transformación sufrida por el personaje de Batman. Pero, en general, cualquier título presenta variantes, versiones y universos paralelos en su desarrollo narrativo. Marvel Comics lanzó en el año 2000 el sello Ultimate Marvel, en el cual los personajes más carismáticos de la editorial (Spiderman, Hulk, Thor, X-Men, Los 4 Fantásticos, Iron Man, Daredevil…) vieron modificados sus perfiles tradicionales y vivieron nuevas aventuras en un universo paralelo con cambios sustanciales respecto a la línea narrativa tradicional. DC Comics, entre enero y abril de 2005, publicó Supermán/Batman: Poder absoluto, el cual partía del planteamiento de suponer que Clark Kent y Bruce Wayne tras su llegada a la Tierra y el asesinato de sus padres, respectivamente, hubieran crecido juntos y hubieron sido educados en unos valores negativos, de forma que hubiesen acabado convirtiéndose en unos tiranos que ejercen su despotismo sobre el mundo. Ya en 2003, esta editorial publicó Supermán: Hijo Rojo, donde se imaginaba qué podía suceder si, en vez de haber caído en Kansas, Supermán hubiera caído en la Unión Soviética y hubiera puesto sus poderes al servicio del régimen comunista. En esta versión, es Lex Luthor el que salvará al mundo de la tiranía de este Supermán despótico. Esta capacidad de encontrar repetidamente nuevas perspectivas a historias y personajes, de no ofrecer una narración cerrada e inamovible (característica que comparte con otras manifestaciones, que también están viviendo una etapa de esplendor, como los videojuegos o las series de televisión –hablo, básicamente, de las norteamericanas y británicas, de las españolas mejor no hablamos-) sirve de conexión con la mentalidad y el espíritu de nuestra época. Por ello, no es extraño que un medio como el cine, que en determinados momentos parece estar pasando una cierta crisis de creatividad, recurra al denominado noveno arte para tomar historias brillantes y personajes profundos que sirvan no sólo de inspiración para una película, sino que permitan crear sagas que den de sí para varios films a lo largo de unos cuantos años.

En el caso de X-Men (cómic conocido en sus orígenes en España como La Patrulla-X), el primer film de la serie (X-Men, dirigida por Bryan Singer, realizador de la mítica Sospechosos habituales -1995-) es del año 2000. Posteriormente, siguieron X-Men 2 (2003), con el mismo director, X-Men: La decisión final (2006), de Brett Ratner y X-Men Orígenes: Lobezno (2009), de Gavin Hood. X-Men: Primera generación es una precuela, esto es, se sitúa al principio de toda la historia y narra cómo empezó todo (o, quizás, simplemente narra una de las posibilidades de cómo sucedió).

Conforme avanzan las sagas cinematográficas, lo normal es que la calidad y el interés de las sucesivas películas vayan decayendo. Pero el caso de X-Men: Primera generación es una magnífica excepción. Este film desborda audacia y originalidad (a la vez que coherencia) en sus planteamientos y, por ello, con independencia de que su acción nos atrape, logra llevarnos a interesantes niveles de reflexión.

Los X-Men, a pesar de su apariencia normal (en la mayoría de los casos), son mutantes con superpoderes, que representan un estadio superior de la evolución. La relación, por tanto, entre ellos y los seres humanos “normales” es problemática. Por parte de estos, porque, a la vez que quieren aprovechar sus capacidades, los temen porque los ven como una amenaza a su posición, ya que tienen miedo a acabar siendo dominados por ellos. Por parte de los mutantes, los sentimientos son más complejos. Tienen el dilema de utilizar sus poderes para ayudar a la humanidad o usarlos en provecho propio, no saben si manifestarse tal como son o pasar desapercibidos y, finalmente, cuando revelan su verdadera personalidad, tienen que sobrellevar o, incluso, defenderse de la reacción adversa de quienes les rodean. Como elemento que se utiliza como catalizador para todos estos temas está el hecho de que Charles Xavier es un profesor especializado en la extinción del hombre de Neardenthal producida por el avance del Homo Sapiens. De este modo, se logra trazar un paralelismo entre este fenómeno y la presencia de los mutantes entre los seres humanos actuales.

La película desarrolla toda esta red de sentimientos enfrentados en el mismo origen de la historia de la Patrulla-X, la cual este film sitúa entre la II Guerra Mundial y la crisis de los misiles de Cuba (octubre de 1962), sirviendo este contexto como vía para añadir a la narración nuevos niveles relacionados con el poder y los medios que el mismo emplea en la contienda política.

Con toda esto, como hemos dicho anteriormente, la película, a la vez que trepidantes secuencias de acción, tiene una gran riqueza temática y, como guinda final, logra trazar unos brillantes retratos psicológicos de toda su galería de personajes gracias, principalmente, a las espléndidas interpretaciones de su reparto (destacan, en especial, James McAvoy como Charles Xavier, Michael Fassbender como Erik Lehnsherr, Kevin Bacon como el malvado Sebastian Shaw, Rose Byrne como la agente de la CIA Moira McTaggert y January Jones como Emma Frost).

X-Men: Primera generación es un magnífico espectáculo visual que alcanza una profundidad verdaderamente sorprendente en su desarrollo narrativo: si los mutantes son una nueva raza humana, ¿tendrán (a su manera) su Caín y Abel? Puede ser. Tendrán que esperar a la antepenúltima secuencia del film para descubrirlo.

En definitiva, un film recomendable para ver como película de acción y aventuras que, sin perjuicio de ello, logra ser estimulante para la reflexión y el análisis. ¿Se puede pedir más?

Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más me gustó: su destreza en saber combinar la intensidad de la acción con la profundidad psicológica de los personajes.

Lo que menos me gustó: no se explica, al principio del film, cómo Mística llega a la casa de Charles Xavier.