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sábado, 22 de diciembre de 2012

LA VIDA DE PI (o “caló el chapeo… miró de soslayo, fuese y no hubo nada”) *

Hoy, en nuestra entrada, hablaremos de La vida de Pi y daremos nuestra opinión sobre lo mejor de 2012.



LA VIDA DE PI (o “caló el chapeo… miró de soslayo, fuese y no hubo nada”) *

TÍTULO: La vida de Pi. TÍTULO ORIGINAL: Life of Pi. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Estados Unidos-China. DIRECCIÓN: Ang Lee. GUIÓN: David Magee, adaptando la novela homónima de Yann Martel. MÚSICA ORIGINAL: Mychael Danna. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Suraj Sharma, Irrfan Khan, Ayush Tandon, Gautam Belur, Adil Hussain, Tabu, Ayan Khan, Mohd Abbas Khaleeli, Vibish Sivakumar, Rafe Spall, Gérard Depardieu. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.lifeofpimovie.com/ y http://www.fox.es/cinema/la_vida_de_pi-20594/20594/.

Cuando, en una entrada reciente, hablábamos de En la casa, comentamos la importancia que el término “relato” ha adquirido en el discurso intelectual contemporáneo. Todo lo que dijimos entonces (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/12/en-la-casa-o-como-estamos-rodeados-de.html) sería aplicable a La vida de Pi. Porque este film también trata sobre un relato precario e invadido por la incertidumbre. Lo que puede parecer más sorprendente de todo es que la película haya sido dirigida por Ang Lee. Este director chino, nacido en Taiwán, que empezó reflexionando sobre cómo las circunstancias sociales y las mentalidades dominantes condicionan los comportamientos individuales en títulos como El banquete de bodas (1993), Comer, beber, amar (1994), Sentido y sensibilidad (1995), La tormenta de hielo (1997) y, aunque no fuera tan obvio, Tigre y dragón (2000), amplió sutilmente la temática de su cine al abordar el conflicto entre nuestros cuerpos y nuestras mentes en Hulk (2003), Brokeback Mountain (2005) y Deseo, peligro (2007). En La vida de Pi, Lee traza un anillo concéntrico más en su mundo y aborda la cuestión de Dios y de la religión. En el fondo, no resulta tan extraño: a fin de cuentas, de lo que pretende hablarnos es del enfrentamiento profundo de todo ser humano con su propia realidad.






domingo, 16 de diciembre de 2012

EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO (o la nostalgia detrás de la máscara)



TÍTULO: El Hobbit: Un viaje inesperado. TÍTULO ORIGINAL: The Hobbit: An Unexpected Journey. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Nueva Zelanda. DIRECCIÓN: Peter Jackson. GUIÓN: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson y Guillermo del Toro, adaptando la novela El Hobbit de J. R. R. Tolkien. MÚSICA ORIGINAL: Howard Shore. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O´Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Brown, Ian Holm, Elijah Wood, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Christopher Lee, Andy Serkis, Sylvester McCoy. PÁGINA WEB OFICIAL: http://wwws.warnerbros.es/thehobbitpart1/index.html.

Tras la laboriosa adaptación de El señor de los anillos, que Peter Jackson regresara al universo de J. R. R. Tolkien y decidiera llevar a la pantalla El Hobbit parecía una decisión arriesgada. Iban a ser inevitables las comparaciones y el listón estaba altísimo. Para comprobarlo, basta con ver la calificación que los usuarios de la página web www.imdb.com dan a las tres películas de la trilogía al día de hoy: La comunidad del anillo (2001) tiene una nota media de 8,8 y figura en el puesto número 13 entre las mejores películas de la historia del cine; Las dos torres (2002) tiene una nota media de 8,7 y ocupa la 21ª posición; a El Retorno del Rey (2003) se le concede una nota de 8,8 y ocupa el 9º puesto. Por tanto, las expectativas iniciales podían ser que íbamos a asistir a la repetición de lo ya mostrado con anterioridad y que era imposible superar los logros ya obtenidos. Sin embargo, El Hobbit: Un viaje inesperado, película que inicia una nueva trilogía, rompe con esa idea y consigue que no nos veamos obligados a recordar ni a añorar las adaptaciones anteriores realizadas por el director neozelandés.




Merece la pena traer a colación el remake que Peter Jackson hizo de King Kong en el año 2005. Teniendo el film original una duración de 100 minutos, la nueva versión se prolongaba 187 minutos. Era, en realidad, un ejercicio de amplificación lograda a través del ejercicio sistemático de una imaginación desbordante. Lo que en el film de 1933 se resolvía en unos pocos minutos, se desarrollaba ahora en una sucesión interminable de imágenes diseñadas gracias a una catarata majestuosa de efectos especiales. Con esa experiencia previa y liberado, quizás, de la obligación y responsabilidad que suponía adaptar la anterior trilogía, Jackson se ha sentido con las manos libres para estirar el relato de Tolkien (que, recordemos, no llega a las 300 páginas en la versión en español de la Editorial Minotauro: http://www.casadellibro.com/libro-el-hobbit/9788445073803/849210) y convertirlo, en su plasmación cinematográfica, en una historia a la altura de El señor de los anillos. O, quizás,  superior porque creo que esta primera película supera el nivel alcanzado por los anteriores films ambientados en la Tierra Media.




jueves, 13 de diciembre de 2012

EN LA CASA (o cómo estamos rodeados de historias inciertas)



Antes de comenzar la reseña de la película, aviso que ya está en la red el nuevo capítulo de la serie en la web En Bruto:


 

TÍTULO: En la casa. TÍTULO ORIGINAL: Dans la maison. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Francia. DIRECCIÓN: François Ozon. GUIÓN: François Ozon, adaptando la obra teatral El chico de la última fila de Juan Mayorga. MÚSICA ORIGINAL: Philippe Rombi. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Fabrice Luchini, Ernst Umhauer, Kristin Scott Thomas, Emmanuelle Seigner, Denis Ménochet, Bastien Ughetto, Jean-François Balmer. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.danslamaison-lefilm.com/.

Desde la Ilustración, Occidente ha confiado en la ciencia y en la razón por encima de filosofías y doctrinas que no consiguieran o no pudieran hacer constatar sus aseveraciones a través de la evidencia empírica. Esta actitud se ha asociado, tradicionalmente, al auge tecnológico, a la Revolución Industrial y al  avance de la democracia. En un momento dado, la firmeza de ese planteamiento ha tendido a agrietarse. El historiador norteamericano Paul Johnson, en su obra Tiempos modernos, se muestra muy seguro en identificar el origen de ello:

El mundo moderno comenzó el 29 de mayo de 1919, cuando las fotografías de un eclipse solar, tomadas en la isla del Príncipe, frente al África Occidental, y en Sobral, Brasil, confirmaron la verdad de una nueva teoría del universo. (…)

En 1905, Albert Einstein, un judío alemán de veintiséis años que trabajaba en la oficina suiza de patentes de Berna, había publicado un trabajo titulado «Acerca de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento», que llegó a ser conocido como la teoría especial de la relatividad. (…)

A principios de la década de los veinte comenzó a difundirse, por primera vez en un ámbito popular, la idea de que ya no existían absolutos: de tiempo y  espacio, de bien y mal, del saber y, sobre todo, de valor. En un error quizás inevitable, vino a confundirse la relatividad con el relativismo.”

Si sumamos a ello, la formulación del principio de indeterminación de Heisenberg (http://es.wikipedia.org/wiki/Relaci%C3%B3n_de_indeterminaci%C3%B3n_de_Heisenberg) y la aparición de la física cuántica, terminaron por quebrar la fe en la percepción de un Universo sólido y nítidamente percibido. Se empezó a gestar lo que se ha denominado la posmodernidad y conceptos como “deconstrucción”, “lógica borrosa”, “pensamiento débil”, “otredad”, “multirreferencialidad” empezaron a tener presencia… Y, en ese contexto, sobre todo en disciplinas sociales, se dejó de hablar de “teorías” y se comenzó a emplear el término “relatos”… Ya no hay, por ejemplo, “teorías sobre la crisis económica”, sino “relatos sobre la crisis económica”

El film En la casa, ganador de la Concha de Oro del último Festival de San Sebastián, empieza, precisamente, cuando un profesor lee el relato de un alumno.





sábado, 8 de diciembre de 2012

CÉSAR DEBE MORIR y HOLY MOTORS



Hoy, vamos a salir de los títulos comerciales habituales y vamos a hacer la reseña de dos películas muy peculiares que recorren caminos poco transitados (César debe morir y Holy Motors). Además, vamos a desviar nuestra mirada del cine estadounidense y vamos a dirigirla a Italia y Francia… En la sección CLÁSICOS ETERNOS, hablaremos de Lawrence de Arabia y, en JOYAS OCULTAS, de The Devil and Daniel Johnston. Antes, recordar que ya está en la red el nuevo capítulo de la serie en la web En Bruto y, muy pronto, estará disponible el tercero:





CÉSAR DEBE MORIR (o un cierto retorno a las raíces)

TÍTULO: César debe morir. TÍTULO ORIGINAL: Cesare debe morire. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Italia. DIRECCIÓN: Paolo y Vittorio Taviani. GUIÓN: Paolo y Vittorio Taviani, adaptando la obra teatral Julio César de William Shakespeare. MÚSICA ORIGINAL: Giuliano Taviani y Carmelo Travia. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Cosimo Rega, Salvatore Striano, Giovanni Arcuri, Antonio Frasca, Juan Darío Bonetti, Vincenzo Gallo, Rosario Majorana, Francesco de Masi, Gennaro Solito, Vittorio Parrella, Pasquale Crapetti, Francesco Carusone, Fabio Rizzuto, Fabio Cavalli, Maurilio Giaffreda. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.golem.es/cesardebemorir/.



Hasta el año 1945, la trayectoria del cine italiano había sido discreta y apenas había dado títulos que hubieran podido pasar a la historia del séptimo arte. Pero, en ese año, Roberto Rossellini realizó Roma, ciudad abierta y todo cambió. No sólo hizo una obra maestra, sino que creó nueva corriente (el neorrealismo) e inició un cambio en el lenguaje cinematográfico que desembocaría, con posterioridad, en la nouvelle vague francesa y en el free cinema británico y que influiría, de forma decisiva, en todo el cine posterior. Con el neorrealismo, se prescindió de rodar en platós y de utilizar, en todo caso, actores profesionales. Se grababa en la calle y aparecían en los repartos gente de la calle que se interpretaban a ellos mismos. Paisà (1946) y Alemania, año cero (1948) de Rossellini, El limpiabotas (1946), Ladrón de bicicletas (1948) y Umberto D (1952) de Vittorio de Sica, La terra trema (1948) de Luchino Visconti o Arroz amargo (1949) de Giuseppe de Santis supusieron un aire de cambio en el cine italiano y una renovación radical en todo el cine mundial.




Fotograma de Roma, ciudad abierta





Aunque el neorrealismo, en su sentido estricto, se agotó pronto, inauguró la edad de oro del cine italiano en la que, aparte de los directores ya mencionados, nombres como Federico Fellini, Michelangelo Antonioni, Alberto Lattuada, Valerio Zurlini, Mario Monicelli, Francesco Rosi, Pier Paolo Pasolini y, ya a partir de los años 60, Bernardo Bertolucci, convirtieron a ese país en una referencia cinematográfica ineludible. Pero esta era de esplendor, por desgracia, pasó. Los nombres que, en los últimos tiempos, han destacado, como Roberto Benigni  (La vida es bella, 1997), Gianni Amelio (con Lamerica -1994- o Las llaves de casa -2004), Paolo Sorrentino (Il divo, 2008), Nanni Moretti (La habitación del hijo, 2001), Marco Tulio Giordana (La mejor juventud, 2003) o Matteo Garrone (Gomorra, 2008), no han tenido el impacto de sus predecesores. De esa etapa de transición entre el esplendor a una época más grisácea, hay que destacar los nombres de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, quienes con títulos como Padre padrone (1977), La noche de San Lorenzo (1982), Good morning Babilonia (1987) o Las afinidades electivas (1996) son, sin duda, los directores italianos vivos más importantes. Con César debe morir, han realizado un interesantísimo ejercicio cinematográfico.




Fotograma de Ladrón de bicicletas


César debe morir narra, en forma semidocumental, cómo unos presos de la cárcel de alta seguridad de Rebibbia preparan la interpretación de la obra Julio César de William Shakespeare. Como la sala teatral del centro penitenciario está en obras, los ensayos los tienen que realizar en las galerías, en el patio, en las celdas… A partir de este sencillo elemento argumental, el núcleo de la trama se centra en la interpretación de la obra teatral por los presos. En cierto modo, la historia acaba suponiendo un triple retorno a las raíces. Desde el punto de vista histórico-político, es el retorno a Roma, el retorno a la única civilización que ha vivido un ciclo completo de nacimiento, desarrollo, auge, conversión en potencia mundial dominante, decadencia y colapso final (desde el punto de vista institucional, puede describirse como la secuencia república-dictadura-Imperio-monarquía prefeudal). Cualquier fenómeno político actual encuentra su paralelo en algún hecho de la historia de Roma porque, en gran medida, esa historia viene a ser la única síntesis disponible del desarrollo de cualquier civilización. Desde el punto de vista temático, es el retorno a Shakespeare, el retorno al autor que ha sabido plasmar en sus obras cualquier pasión, cualquier conflicto y cualquier sentimiento, el autor, que como dijo el crítico Harold Bloom, llevó a cabo “la invención de lo Humano”. Desde el punto de vista estético, es, finalmente, el retorno, en cierta forma, a una envoltura neorrealista, a la utilización de actores no profesionales, al rodaje fuera del plató, al empleo de una fotografía en blanco y negro de fuerte expresividad.