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jueves, 21 de marzo de 2013

AQUÍ Y ALLÁ (o nada es igual cuando regresas)



Hoy, vamos a hablar de Aquí y allá, película española que se encuentra a medio camino entre el documental y la ficción. Y, en función de las fechas que se acercan, en nuestras secciones “Clásicos eternos” y “Joyas ocultas”, hablaremos de Ben-Hur y El molino y la cruz, respectivamente. 
 


AQUÍ Y ALLÁ (o nada es igual cuando regresas)

TÍTULO: Aquí y allá. TÍTULO ORIGINAL: Aquí y alláAÑO: 2012. NACIONALIDAD: España-México-Estados Unidos. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Antonio Méndez Esparza. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Pedro de los Santos, Teresa Ramírez Aguirre, Lorena Guadalupe Pantaleón Vazquez, Heidi Laura Solano Espinoza, Néstor Tepetate Medina, Carolina Prado Ángel, Noel Payno Vendíz, Nicolás Parra Quiroz. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.aquiyallafilm.com/.



El tema de la emigración ha estado presente en el cine desde fechas muy tempranas. Recordemos que, ya en 1917, Charles Chaplin rodó uno de sus mejores cortos de su etapa con la Mutual Film Corporation con el título de El emigrante (1917):






Desde entonces, podemos recordar títulos que, bien tratando la cuestión de la emigración del campo a la ciudad, bien de la emigración de un país a otro, bien de los efectos y consecuencias de ambos fenómenos, han seguido la estela iniciada por Chaplin: Rocco y sus hermanos (1960) de Luchino Visconti, Popi (1969) de Arthur Hiller, Los emigrantes (1971) y La nueva tierra (1972) de Jan Troell, El padrino. Parte II (1974) de Francis Ford Coppola, La puerta del cielo (1980) de Michael Cimino, La provinciana (1981) de Claude Goretta, Bienvenido al paraíso (1990) de Alan Parker, Mi familia (1995) de Gregory Nava, In this world (2002) de Michael Winterbottom, En América (2002) de Jim Sheridan, Contra la pared (2004) y Al otro lado (2007) de Fatih Akin, Los tres entierros de Melquíades Estrada (2005) de Tommy Lee Jones, Babel (2006) y Biutiful (2010) de Alejandro González Iñárritu... Por supuesto, el cine español también ha abordado el tema, abordándolo tanto desde el punto de vista de los que, habiendo nacido aquí, debían buscar oportunidades en sitios diferentes a su lugar de origen (Surcos -1951- de José Antonio Nieves Conde, Españolas en París -1971- de Roberto Bodegas, Vente a Alemania, Pepe -1971- de Pedro Lazaga, Un franco, 14 pesetas -2006- de Carlos Iglesias, Las chicas de la 6ª planta -2010- de Philippe Le Guay) o desde el punto de vista de quienes vienen de fuera (Las cartas de Alou -1990- de Montxo Armendáriz, Bwana -1996- de Imanol Uribe...). Aquí y allá profundiza en un enfoque que, aunque adoptado tangencialmente en alguno de los títulos anteriores, pocas veces se había desarrollado con la amplitud con que esta película lo hace.





Aqui y allá trata el tema del regreso, del emigrante que vuelve al lugar donde están su familia, sus amigos y sus raíces (en este caso, a la localidad de Copanatoyac, en el estado de Guerrero, en México). Y, tras ese regreso, nada es lo mismo. Una vez vista la película, es interesante reflexionar sobre cómo veríamos los avatares por los que pasa la familia protagonista sin el dato de que el padre ha vuelto después de una temporada de estar trabajando en Estados Unidos. Nuestra visión cambiaría radicalmente. Porque, entonces, los proyectos de quienes quieren abandonar el lugar en busca de nuevos horizontes ofrecerían la esperanza de un cambio. En cambio, el desenlace de esta aventura ya lo conocemos. Y es imposible que la mirada del film no se tiña de nostalgia y melancolía. Hay una serena tristeza que envuelve los esfuerzos del protagonista por encontrar trabajo, su sueño de que prospere su grupo musical, los problemas de su mujer en el parto, la desmotivación por los estudios de su hija mayor y el afán de toda una comunidad por salir adelante y tener unas condiciones de vida dignas. Al final, veremos que la película es un círculo cerrado, un final que es el principio y, en una última metáfora visual, la imagen de un puente que representa el estado de ánimo de hallarse a mitad de camino entre dos mundos y, en el fondo, de no estar en ninguno de ellos.

Aunque la película tiene factura visual de documental y el plantel está formada por actores no profesionales, hay que recalcar que se trata de una historia de ficción (aunque su anclaje en la realidad actual sea más que evidente). Merece destacarse que, aunque se trata de su opera prima, Antonio Méndez Esparza dirige el film con pulso firme y con una sólida coherencia de criterios a lo largo de todo el metraje, lo cual lo convierte en una agradable revelación y en una figura a seguir en el futuro inmediato. Sin duda alguna, cabe esperar que realice aportaciones tan interesantes y notables como la de su debut.


Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: La veracidad que se desprende de todo el relato.

Lo que menos me gustó: Creo que la lentitud de la película en determinados momentos no es necesaria: un poco más de ritmo se hubiera agradecido.




CLÁSICOS ETERNOS

BEN-HUR (1959) de William Wyler

TÍTULO: Ben-Hur. TÍTULO ORIGINAL: Ben-Hur. AÑO: 1959. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: William WylerGUIÓN: Karl Tunberg, Maxwell Anderson, S. N. Behrman, Christopher Fry y Gore Vidal, adaptando la obra homónima de Lewis Wallace. MÚSICA ORIGINAL: Miklos Rozsa. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Robert Surtees. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Charlton Heston, Jack Hawkins, Haya Harareet, Stephen Boyd, Hugh Griffith, Martha Scott, Cathy O’Donnell, Sam Jaffe, Finlay Currie, Frank Thring, Terence Longdon, George Relph, André Morell. DURACIÓN: 212 minutos.

En el año 1880, fue publicada, en Estados Unidos, la novela Ben-Hur: A Tale of the Christ. Su autor era Lewis Wallace, abogado, antiguo general del ejército de la Unión y que había ejercido como Gobernador del Territorio de Nuevo México. Desde el mismo momento de su aparición en el mercado, la obra constituyó un gran éxito de ventas. Tuvo una adaptación teatral, en 1899, que duró 21 años en cartel y, muy pronto, suscitó el interés del cine por ella, de forma que ya en 1907 se hizo un cortometraje de unos 12 minutos en el que se mostraban escenas de la trama:







En 1925, se hizo la primera gran adaptación cinematográfica. Dirigida por Fred Niblo y protagonizada por Ramón Novarro, uno de los grandes galanes de la época junto a Rodolfo Valentino, se convirtió, casi instantáneamente, en uno de los grandes clásicos del cine mudo.




Sin embargo, fue la adaptación de 1959, dirigida por William Wyler, la que se ha convertido en la referencia ineludible para todos los aficionados al cine. Aunque, tal como indicaba el subtítulo de la novela original, la narración de la Pasión de Cristo es inseparable del núcleo de la trama principal, la misma se ve enriquecida por toda una serie de matices y capas temáticas que convierten a este título, sin duda alguna, en una de las grandes obras maestras de la historia del séptimo arte.





El Ben-Hur de Wyler es, ante todo, la historia de una venganza, por un lado, y, aunque parezca paradójico, una apología del sentido profundo del mensaje cristiano, por otro (en la película del año 1925, era la caracterización de Ben-Hur como líder de un movimiento que aspira a liberar a su pueblo del yugo romano el elemento que tenía mayor peso y relevancia). Porque, al final, cuando la venganza se consuma, el triunfador se siente vacío y frustrado. Y al igual que, en el pasado, el cuenco de agua que le dio un desconocido le salvó la vida (física), otro cuenco de agua (metafórica), el mensaje de Jesús (precisamente, el desconocido que le auxilió) será el que vuelva a salvarle la vida (espiritual). Esta majestuosa alegoría visual constituye la viga maestra sobre la que se construya todo el guión y será la que dé sentido y coherencia a una compleja y larga historia (más de tres horas) en la que no era nada fácil poner orden.

Sin embargo, la gran virtud de Ben-Hur es que no se queda en la mera transmisión del mensaje descrito. Las complejas relaciones del protagonista con su antiguo amigo Messala, con el tribuno Quinto Arrio, con su antigua esclava Esther y con el padre de esta, Simónides,  proporcionan una gran solidez psicológica a toda la narración. Es conocido que Gore Vidal (que participó junto a otros autores en la elaboración del guión, aunque al final sólo apareció acreditado Karl Tunberg) incorporó, deliberadamente, un subtexto en el que se insinuaba la atracción homosexual entre Ben-Hur y Messala. Igualmente, también la relación entre Ben-Hur y Quinto Arrio también es lo suficientemente ambigua (la secuencia en la que el tribuno pone a prueba al protagonista mientras está en galeras es altamente significativa y digna de un profundo análisis) como para que queden abiertas todas las conjeturas posibles.

Las magníficas interpretaciones (en las que, aunque hay que destacar a Charlton Heston, sería injusto ignorar a algún integrante del reparto), el soberbio sentido épico de muchas de las secuencias (entre las que hay que mencionar las de la batalla naval y la celebérrima de la carrera de cuadrigas) y el agudo poder emotivo de otras (como la de la visita al valle de los leprosos) acaban convirtiendo a Ben-Hur en una película redonda, una superproducción de otros tiempos, auténtica e irrepetible.





Nota (de 1 a 10): 10.

Lo que más gustará: Su formidable sentido épico. La secuencia de la batalla naval. La secuencia de la carrera de cuadrigas. La secuencia del valle de los leprosos. La majestuosa alegoría visual sobre la que está construida la historia.

Lo que menos puede gustar: No se me ocurre nada.



JOYAS OCULTAS

EL MOLINO Y LA CRUZ (2011) de Lech Majewski

TÍTULO: El molino y la cruz. TÍTULO ORIGINAL: The Mill and the Cross. AÑO: 2011. NACIONALIDAD: Polonia-Suecia. DIRECCIÓN: Lech Majewski. GUIÓN: Michael Francis Gibson y Lech Majewski. MÚSICA ORIGINAL: Lech Majewski y Józef Skrzek. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Rutger Hauer, Michael York, Charlotte Rampling, Joanna Litwin, Dorota Lis, Bartosz Capowicz, Mateusz Machnik, Marian Makula, Sylwia Szczerba, Wojcech Mierkulow, Ruta Kubas, Jan Wartak, Adam Kwiatkowski. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.themillandthecross.com/.



 (Pinche sobre la imagen si quiere ampliarla)


El cuadro que ven arriba es Camino del Calvario y fue pintado en 1564 por Pieter Brueghel el Viejo (http://es.wikipedia.org/wiki/Pieter_Brueghel_el_Viejo). Actualmente, se encuentra en el Museo Kunsthistorisches de Viena. Como pueden comprobar, en el mismo aparecen multitud de personajes y la figura de Jesús está casi escondida dentro de la composición. Si quieren saber la causa de este hecho tan peculiar y, aún más, desean descubrir los secretos que encierra esta pintura, El molino y la cruz resolverá buena parte de sus dudas. Empeño tan original fue ideado por el realizador, director teatral, escritor, poeta y pintor polaco Lech Majewski y se trata de una de las visiones más insólitas del arte y de la Pasión de Cristo que hayamos podido ver en una pantalla de cine.






A la vez que se detalla el proceso de composición de Camino del Calvario, conoceremos el contexto sociopolítico que se vivía en Flandes en el siglo XVI y asistiremos a una reconstrucción sui generis de la Pasión, trasladada a esa época. El papel que juegan las autoridades romanas en la narración del Evangelio, es llevado a cabo aquí por las autoridades españolas, que eran quienes dominaban este territorio en el año en que se desarrolla la acción (y hay que decir que los españoles no quedamos nada bien en la película). El papel de los sacerdotes del Templo es asumido por el clero católico. Y, al final, comprobaremos que los mecanismos de la intolerancia y la represión permanecen invariables aun cuando cambien las circunstancias, los países y el momento histórico.

A lo largo de El molino y la cruz, veremos cómo cobra vida el cuadro de Brueghel, cómo los personajes que aparecen en la obra se vuelven de carne y hueso y cómo se revela la estructura oculta y el sentido verdadero de una compleja composición que es mucho más de lo que su apariencia revela. Con un magnífico trío protagonista de actores veteranos (Rutger Hauer, Michael York y Charlotte Rampling), El molino y la cruz tiene una espléndida factura visual y un ritmo pausado y sereno que nos ayuda a reflexionar sobre cómo el arte puede conseguir que lleguemos a entender algunas de las verdades esenciales de la vida.


Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más gustará: Su majestuosa factura visual.

Lo que menos puede gustar: Requiere de espectadores con un poco de paciencia.

jueves, 14 de marzo de 2013

LOS AMANTES PASAJEROS (o aterrizaje forzoso en La Mancha)



LOS AMANTES PASAJEROS (o aterrizaje forzoso en La Mancha)

TÍTULO: Los amantes pasajeros. TÍTULO ORIGINAL: Los amantes pasajerosAÑO: 2013. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Pedro Almodóvar. MÚSICA ORIGINAL: Alberto Iglesias. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Javier Cámara, Carlos Areces, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, Hugo Silva, Lola Dueñas, Cecilia Roth, José María Yazpik, Guillermo Toledo, Blanca Suárez, Paz Vega, Carmen Machi, Miguel Ángel Silvestre, Laya Martí, Antonio Banderas, Penélope Cruz. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.losamantespasajeros.com/.

Hace años y medio, con ocasión de nuestro comentario a La piel que habito (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/09/la-piel-que-habito-o-por-favor.html), ya expresé mi opinión sobre la obra de Almodóvar e incidí en dos elementos, íntimamente relacionados entre sí: la personalidad intuitiva del director y el carácter de montaña rusa de la calidad de sus sucesivas películas. Como no he cambiado de opinión en todo este tiempo y Los amantes pasajeros ha hecho poco para que pueda animarme a cambiarla, hoy, al hacer la reseña de esta última, vamos a centrar la atención en un punto importante sobre el que nunca se insiste lo suficiente: que, entre todos los géneros cinematográficos que existen, la comedia es, probablemente, el más difícil de todos.

La causa de ello es sencillo de explicar. En la comedia, lo esencial no es qué se cuenta sino cómo se cuenta. De hecho, el género es, básicamente, pura forma y cualquier defecto, aunque sea mínimo, en la estructura y dinámica de dicha forma condena, sin remisión, a una película. Puede haber un film, como Dublineses (1987) de John Huston (basado en el relato “Los muertos” de James Joyce), donde, aparentemente, no pasa nada y bastan dos instantes para que el protagonista sufra un navajazo inesperado en todo su orden vital y ello nos obligue a replantearnos toda la historia. 83 minutos, la mayoría de ellos sinuosos y casi banales, y bastan dos chispazos para llevar la película a la gloria. En Te querré siempre (1954) de Roberto Rossellini, se nos va mostrando, simplemente, la situación de un matrimonio en crisis y no es hasta el final de la cinta, en medio de las ruinas de Pompeya, primero, y en medio de una procesión, después, cuando la historia nos muestra todo su sentido. En Adiós, muchachos (1987) de Louis Malle, se nos cuenta la historia de unos chicos judíos escondidos en un internado católico en la Francia invadida de la II Guerra Mundial. Una narración que se desenvuelve dentro de unos cauces casi costumbristas, da un repentino giro en sus últimos minutos y su desenlace no sólo es que sea amargo sino que exhibe, con toda crudeza, una herida abierta que sabemos que nunca podrá cerrarse. El drama admite cosas como las que acabamos de relatar. Pero la comedia, no. Si alguien dice que “me he reído al final de la comedia” o que “me he reído unas cuantas veces viendo la comedia”, está claro que el director no ha tenido éxito a la hora de abordar una historia de humor. En la comedia, ni te puedes reír un poquito ni puede funcionar a ratos: si ello ocurre, es sinónimo de fracaso.







Pueden suponer que digo esto porque Los amantes pasajeros no acaba de funcionar. Y, efectivamente, es así. Centrada en los problemas de un avión que tiene un problema en el tren de aterrizaje y que aguarda desesperadamente a que le den permiso para volver a tierra en una pista de emergencia, se podría pensar que, inicialmente, es una metáfora sobre la situación actual de España (una nave que vaga averiada por el aire con destino incierto). Sin embargo, ello, que ha sido una especie de mantra repetido en todas las críticas, creo que acaba ocupando un lugar secundario en toda la trama. Más bien, la película acaba siendo una especie de recapitulación de todas las obsesiones, tópicos, filias, fobias y trucos narrativos del mundo de Almodóvar. Intentando volver al aire provocador y anárquico de sus primeros films, como, p. ej. Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), en Los amantes pasajeros hay aviones en peligro y aeropuertos donde tienen lugar catarsis liberadoras (como ocurría en Laberinto de pasiones -1982- o Mujeres al borde de un ataque de nervios -1988-), gays que son mostrados con total naturalidad y desenfado (como en La mala educación -2004-), sexo en medio del letargo (como en Hable con ella -2002- o, de forma curiosamente elíptica, en Mujeres al borde de un ataque de nervios), celos que hacen enloquecer (como en La ley del deseo -1987-), mujeres que arrojan los efectos personales de su amante por la ventana o que deciden renunciar a un amor que sólo les puede traer dolor y falta de libertad (como en Mujeres al borde de un ataque de nervios) y, como ocurre en todas las películas del cineasta, numerosas referencias cinematográficas (es evidente el paralelismo con La diligencia -1939- de John Ford, pero no son menos obvias las realizadas en relación a Vértigo -1958- de Alfred Hitchcock -esa imagen de la turbina dibujando una espiral se inspira claramente en el inicio de los títulos de crédito de ese film- o Casablanca -1942- de Michael Curtiz -en un desenlace que viene a ser la imagen en un espejo del final del clásico hollywoodiense-). Igualmente, aparecen en el reparto actrices y actores de las distintas etapas del director, desde sus comienzos hasta sus últimas películas (Cecilia Roth, Antonio Banderas, Penélope Cruz, Antonio de la Torre, Javier Cámara...).

Y, evidentemente, todo ello nos provoca una cierta sensación de déjà vu de forma que la película ni nos sorprende ni consigue que las distintas historias que se entrecruzan (salvo, quizás, la protagonizada por Blanca Suárez) logren interesarnos demasiado. Ya en 2004, con ocasión del estreno de La mala educación, Carlos F. Heredero escribía en el número del 18-3-3004 de El Cultural: "Érase una vez el Madrid de los años ochenta, donde vivía un director de cine identificado con la "movida", sujeto de una intensa pasión homosexual con un amante esquivo (...). En aquella historia había también otro amante (...), dos hermanos (uno de ellos convertido en mujer y con vocación por el espectáculo), el recuerdo de un niño que cantaba en el coro de los salesianos y que, ya de mayor, le canta de nuevo al mismo sacerdote que le dejó un "recuerdo imborrable", y un viaje a provincias en busca del amante perdido, a quien primero se descubre muerto y después víctima de un asesinato. Algún malpensado podría creer que estamos comentando el argumento de La mala educación, pero aquellos no son otros que los ingredientes utilizados por Pedro Almodóvar para narrar La ley del deseo (1987). Resulta evidente, por lo tanto, que ahora -diecisiete años después- el cineasta vuelve a jugar con las mismas cartas, sólo que barajadas esta vez de otra manera y aliñadas con diferentes especias". Como ven, lo que ocurre con Los amantes pasajeros hay quien ya lo ha experimentado con anterioridad. Si Almodóvar quería revisitar sus temas preferidos, quizás tendría que haber empleado mucha más imaginación y creatividad tanto narrativa como visual en el intento.





Aunque hay que destacar algunas buenas interpretaciones, el conjunto de Los amantes pasajeros no acaba siendo ni coherente ni armónico. Blanca Suárez, por ejemplo, brilla a muy buen nivel en su personaje pero en ningún momento es verosímil que pueda ser pareja de Guillermo Toledo. Carlos Areces y Lola Dueñas también realizan unas muy buenas caracterizaciones pero las mismas acaban estando desconectadas de cualquier tipo de trama bien construida que sirva para atraer nuestra atención. A pesar de que Los amantes pasajeros no tiene, en ningún momento, ni ritmo de comedia ni solidez en su guión y, por falta de pericia en su realización, se nota, permanente, que ha sido producida con notable cortedad de medios, sí que hay que reconocer que la película se deja ver y logra que su hora y media de duración pase con rapidez. Pero cuando finaliza es inevitable pensar que no nos ha aportado nada especialmente interesante. Y que una comedia se quede a medias, como hemos explicado al principio, es algo que difícilmente puede llevarnos a que emitamos un juicio mínimamente elogioso...



Nota (de 1 a 10): 5,5.

Lo que más me gustó: Los títulos de crédito. Las interpretaciones de Carlos Areces, Lola Dueñas y Blanca Suárez.

Lo que menos me gustó: No consigue tener, casi en ningún momento, el ritmo adecuado para una comedia. Va perdiendo fuelle conforme avanza. Está rodada con medios limitados Y SE NOTA.