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viernes, 10 de mayo de 2013

DOS MÁS DOS (o ¿tres son multitud?¿y cuatro?)




Hoy, con motivo del estreno en España de Dos más dos, vamos a dedicar nuestra entrada a Argentina. Aparte de hacer la reseña de esta comedia, en la sección “Clásicos eternos” hablaremos de El secreto de sus ojos y en “Joyas ocultas” de Pubis angelical.


DOS MÁS DOS (o ¿tres son multitud?¿y cuatro?)

TÍTULO: Dos más dos. TÍTULO ORIGINAL: Dos más dos. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Argentina. DIRECCIÓN: Diego Kaplan. GUIÓN: Daniel Cúparo y Juan Vera. MÚSICA ORIGINAL: Iván Wyzsogrod. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Adrián Suar, Carla Peterson, Julieta Díaz, Juan Minujín, Alfredo Casero, Tomás Wicz, Micaela Cuccaresi. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.altafilms.com/site/sinopsis/dos_mas_dos.

Aunque no es un tema frecuente, existen muchas películas que plantean la cuestión de las parejas abiertas y las relaciones de geometría variable. En el caso de Jules et Jim (1962) de François Truffaut y Limpieza en seco (1997) de Anne Fontaine, los experimentos no acababan demasiado bien. En el caso de Dieta mediterránea (2009) de Joaquín Oristrell y El sexo de los ángeles (2012) de Xavier Villaverde (película que comentamos con ocasión del Festival de Málaga del año 2012: http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/04/15-festival-de-malaga-cine-espanol_26.html), no acababan demasiado mal. De todos modos, lo verdaderamente difícil era hacer una comedia y, prescindiendo de los chistes fáciles y el humor grueso, expresar la motivación de los personajes que deciden apartarse de las reglas establecidas y las consecuencias (agridulces) de esa decisión. En la mejor tradición de Billy Wilder, el desenlace será cínico y ambiguo, es decir, lo más cercano a como es, en realidad, la vida.

Para que Dos más dos tenga el acabado tan satisfactorio que tiene, eran necesarios varios pilares y todos ellos están presentes en el film. En primer lugar, unos actores que diesen a sus personajes el tono adecuado (recuerden lo que decía el personaje de Alan Alda en Delitos y faltas de Woody Allen: “la comedia, si se curva, tiene gracia; si se rompe, no tiene gracia”) y el cuarteto protagonista (Adrián Suar, Carla Peterson, Julieta Díaz, Juan Minujín) supera con creces el reto, de forma que, cada uno de ellos se ajusta tan bien a su rol que, cuando acaba la película, es difícil imaginar a otros intérpretes en los respectivos papeles.







En segundo lugar, hacía falta un guión que supiera articular adecuadamente la trama y supiera mantener el equilibrio. Además de conseguirlo, el libreto encierra una serie de hábiles detalles que, al final, cuadran perfectamente en la historia. Es inteligente la tensión que, desde el principio, se dibuja entre los dos protagonistas masculinos y las diferentes personalidades de ambos porque, en la segunda parte de la película, ello jugará una función importante en el giro dramático de la historia. Es divertido cómo el personaje de Julieta Díaz (mujer del tiempo en la televisión), a la hora de dar los pronósticos meteorológicos nos va anticipando los derroteros por los que va a discurrir la trama. Es genial la caracterización del personaje que interpreta Alfredo Casero (Pablo), una especie de gurú que acaba aportando sentidos inesperados a toda la historia (¿o cómo podemos interpretar eso de calificar a una reunión de swingers acomodados como paradigma de la “utopía socialista”?). Y, por último, es potentísimo el tramo final de la narración, que constituye un magnífico colofón que, cambiando el tono de la película, logra transmitir, con brillantez, el mensaje profundo del film.

Finalmente, cabe alabar la plasmación visual del texto, con la sutil presencia de espejos que reflejan y multiplican la imagen de los personajes como metáfora de la complejidad que se encierra en cada uno de nosotros, de conversaciones con una mampara por medio como símbolo de la incomunicación que existe entre dos de los protagonistas, y de puertas que, más que dibujar la separación física, nos comunican que hay distanciamientos que son insalvables.

Cuando, en la última escena de la película, dos de los protagonistas se acaben refugiando tras las gafas 3D de una sala de cine, veremos que se habrá cerrado un círculo que es, quizás, el dilema en el que se desenvuelven todas las relaciones de pareja: hastío-búsqueda de alicientes-conflicto-retorno a la normalidad-hastío (nuevamente)… Un eterno retorno que Dos más dos ni pretende maquillar ni plantea resolver con soluciones aparentemente milagrosas. La verdad desnuda que se dibuja (con sencillez pero con plena eficacia) en esa escena final es el broche perfecto para una magnífica comedia.


Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más me gustó: su inteligentísimo guión y el no menos inteligente acompañamiento visual a muchas de sus sutilezas.

Lo que menos me gustó: se echa en falta que el personaje de Alfredo Casero tenga más presencia en la película.



CLÁSICOS ETERNOS

El SECRETO DE SUS OJOS (2009) de Juan José Campanella

TÍTULO: El secreto de sus ojos. TÍTULO ORIGINAL: El secreto de sus ojos. AÑO: 2009. NACIONALIDAD: Argentina-España. DIRECCIÓN: Juan José Campanella. GUIÓN: Eduardo Sacheri y Juan José Campanella, adaptando la novela La pregunta de sus ojos de Eduardo Sacheri. MÚSICA ORIGINAL: Federico Jusid y Emilio Kauderer. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Félix Monti. MONTAJE: Juan José Campanella. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Mario Alarcón, Mariano Argento, Pablo Rago, Javier Godino, Carla Quevedo. DURACIÓN: 129 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.elsecretodesusojos.com/.

En el año 1958, se celebró la 6ª edición del Festival de Cine de San Sebastián. La película ganadora fue Eva quiere dormir (1958) del polaco Tadeusz Chmielewski. Posiblemente, el jurado (compuesto, entre otras, por personas como Luis García Berlanga, Anthony Mann o Ana Mariscal, cuyo talento era innegable), en el momento en que anunció su dictamen, estaba íntimamente satisfecho con su decisión. Pero cuando vemos las películas que participaron en el certamen y comprobamos que Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock sólo ganó el segundo premio (ex-aequo con Rufufú -1958- de Mario Monicelli) no podemos menos que arrugar el entrecejo. Si treinta años después se les hubiera preguntado a los miembros de ese jurado sobre su veredicto, posiblemente a alguno le hubiera entrado ganas de tirarse desde un puente. Y eso, sin saber que en la última lista de la revista Sight & Sound, Vértigo fue proclamada como la mejor película de la historia del cine (http://explore.bfi.org.uk/sightandsoundpolls/2012/critics).

En el año 2009, nuevamente en el Festival de San Sebastián, pasó algo cuya similitud no viene sino a confirmar el dicho de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” (en realidad, más de dos veces). Ese año, participó El secreto de sus ojos de Juan José Campanella (http://www.sansebastianfestival.com/es/seccion.php?ano=2009&ap=4&id=210&ck=5701) y, en el palmarés, no obtuvo ningún reconocimiento (http://www.sansebastianfestival.com/es/premios.php?ano=2009&id=1459). Casi cuatro años después, y después de haber tenido tiempo de revisar la película y de poder liberarnos de las primeras impresiones (que, muchas veces, son engañosas), podemos decir que el ninguneo que sufrió El secreto de sus ojos fue totalmente injusto. Es muy difícil destacar una sola cosa de esta película. Compuesta por numerosas capas (hay una historia de amor latente, hay una trama criminal que constituye el elemento central de la estructura narrativa, hay una subtrama medio oculta que se refiere al inicio de la “guerra sucia” en el país y al germen de la futura dictadura, hay una historia de amistad que acaba siendo de gran emotividad…), la película disfruta, además, de la exquisita realización de Juan José Campanella que, con mano de orfebre, va trenzando los diferentes hilos del guión hasta formar un tapiz sólido, compacto y completamente coherente.






Con unas espléndidas interpretaciones de Soledad Villamil, Ricardo Darín, Guillermo Francella, Pablo Rago, Mario Alarcón y Mariano Argento, todos los intérpretes se meten de forma absolutamente convincente en la piel de sus personajes, pasando con gran talento del drama al humor, que también está presente en el film de forma inteligentemente dosificada. Y no es sólo en la dirección de actores donde destaca el trabajo de Campanella. Técnicamente, la película es sencillamente prodigiosa, con multitud de detalles (al espectador se le puede escapar la mayoría de ellos) que elevan la categoría estética del film. Evidentemente, no podemos dejar de mencionar el fastuoso, espléndido y soberbio (falso) plano-secuencia que se desarrolla en el Estadio Tomás Adolfo Ducó, del Club Atlético Huracán (digo falso porque, tal como reveló Campanella en la rueda de prensa posterior al pase de la película en San Sebastián, no fue rodado de un “tirón” sino que fue fruto de un trabajo de edición de nueve meses) y que, sin duda alguna, tiene ya un rincón reservado en la Historia del Cine.

Y lo mejor de todo, como ya hemos dicho con anterioridad, es que, siendo una película compleja, con varias tramas que se superponen, narrada a través de sucesivos flash-backs y que corría el riesgo de no disfrutar de una clara visión de conjunto, logra tener tres ideas-fuerza esenciales que, además, están íntimamente interrelacionadas: la de la pasión que todo ser humano encierra en su interior y que no puede ocultar, la de la imposibilidad de esconder la verdad y la de la necesidad de afrontar el pasado para poder conquistar el presente. La última escena de El secreto de sus ojos es una puerta que se cierra: todas las claves se han resuelto y todo encaja, sin fisuras ni resquicios, porque los protagonistas han sido capaces de mirarse a ellos mismos y no eludir su propia imagen, de contemplar su propia realidad y no pretender enmascararla. En la reivindicación de la autenticidad, se halla el elemento central y decisivo para que esta película, aun habiendo estrenada sólo hace cuatro años, pueda ser calificada ya como todo un clásico del séptimo arte.


Nota (de 1 a 10): 10.

Lo que más gustará: La exquisita realización de Juan José Campanella. La solidez de la trama criminal. La tensión emocional entre Ricardo Darín y Soledad Villamil. La espléndida interpretación de Guillermo Francella. El (falso) plano-secuencia en el estadio Tomas Adolfo Ducó.

Lo que menos puede gustar: A quien no conozca la reciente historia de Argentina, se le puede escapar alguna referencia.



JOYAS OCULTAS

TÍTULO: Pubis angelical. TÍTULO ORIGINAL: Pubis angelical. AÑO: 1982. NACIONALIDAD: Argentina. DIRECCIÓN: Raúl de la Torre. GUIÓN: Manuel Puig y Raúl de la Torre, adaptando la novela homónima del primero. MÚSICA ORIGINAL: Charly García. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Juan Carlos Desanzo. MONTAJE: Juan Carlos Macías. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Graciela Borges, Alfredo Alcón, Cristina Allende, Armando Capo, Nora Cullen, Arturo García Buhr, Ricardo Jordán, Daniel Lago, Adriana Parets, Silvia Pinal, José Soriano, Alfredo Zemma, China Zorrilla. DURACIÓN: 115 minutos.

Raúl de la Torre  (1938-2010), junto a Leopoldo Torre-Nilsson, Fernando Ayala, Rodolfo Kuhn, Fernando Solanas, Héctor Olivera, Luis Puenzo, María Luisa Bemberg, Adolfo Aristaraín, Juan José Campanella, Eliseo Subiela o Alberto Lecchi forma parte del grupo de los mejores cineastas de Argentina. Lo más característico de su obra es su acusada personalidad que, alejándose de los cánones más clásicos, procuró siempre hacer un cine original e innovador. En una primera etapa, aunque su cine tiene una apariencia convencionalmente realista con títulos como Juan Lamaglia y señora (1970), Crónica de una señora (1971) o Heroína (1972), anticipa muchas corrientes futuras (se me viene a la cabeza, por ejemplo, el cine de Soderbergh o el Víctor Erice de El sol del membrillo -1992- o Smoking room -2002- Roger Gual y Julio Wallovits) al alejarse de las formas habituales de narración y centrarse en una observación casi maniática de los personajes, en sus diálogos cotidianos, aparentemente banales e intrascendentes pero que reflejaban, de fondo, muchas de las angustias y contradicciones del hombre y, sobre todo, mujer contemporáneos. Posteriormente, en un cambio sutil y progresivo, su cine se enriquece con La revolución (1973) donde, por primera vez, aparece de forma explícita la reflexión política y con El infierno tan temido (1980), magistral adaptación de un relato del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti. Será con Pubis angelical, cuando de la Torre realice su film más complejo y rompedor al adaptar una novela del escritor argentino Manuel Puig (autor, igualmente, de Boquitas pintadas –llevada al cine en 1974 por Leopoldo Torre-Nilsson- y El beso de la mujer araña –adaptada en 1985 por el brasileño Héctor Babenco-). Pubis angelical, en el que se percibe la influencia de autores como Godard, Resnais, Fellini o de Matadero cinco (1972) de George Roy Hill y La Paloma (1974) del suizo Daniel Schmid, es también, en muchos sentidos, un film que abre caminos que tardarán mucho en ser transitados (compárese con 2046 -2004- de Wong Kar Wai y ello se verá con total claridad).






Con Graciela Borges, actriz fetiche del director, como protagonista, Pubis angelical narra, en su primer nivel, la historia de una mujer que ha sido operada de un tumor maligno. Pero, a partir de ahí, penetramos en las ensoñaciones, delirios, fantasías y recuerdos de esa misma protagonista, mostrándonos no sólo el pasado y problemática de esa mujer sino, a la vez, y en un hábil paralelismo, la historia y encrucijada social y política de Argentina. Así, la crónica del momento concreto que estaba viviendo el país durante la década de los 70 se mezcla con una historia retro sobre una actriz que rueda un film en los años 40 que se enlaza, a su vez, con un extraño relato de ciencia-ficción, de forma que todo ello acaba proporcionado al film una insólita factura visual, absolutamente infrecuente en el cine sudamericano.

Aparentemente desconcertante, la película cobra sentido porque emergen de modo cristalino dos de los temas que siempre preocuparon a de la Torre: la inquietud por su país y, en particular, por la deriva de los acontecimientos producidos durante la época de la dictadura y su preocupación por los problemas de la mujer y el sometimiento que sufre por culpa de una mentalidad autoritaria y alienante. Ambos temas, al final, convergen en la esperanza de volver a recuperar a una hija de la que la protagonista se separó de forma un tanto inexplicable. Ello no es más que la promesa de recuperar un futuro mejor y un destino libre, elementos que proporcionan al film un tono esperanzador y optimista, lo cual acaba constituyendo un colofón brillante a una historia tan compleja y arriesgada.


Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más gustará: Su irrepetible originalidad.

Lo que menos puede gustar: Su trama está estructurada de forma anticlásica y antilineal.









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