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sábado, 10 de agosto de 2013

GUERRA MUNDIAL Z (o ¡qué aseaditos son estos zombies!)




 GUERRA MUNDIAL Z (o ¡qué aseaditos son estos zombies!)

TÍTULO: Guerra mundial Z. TÍTULO ORIGINAL: World War ZAÑO: 2013. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Malta. DIRECCIÓN: Marc Forster. GUIÓN: Matthew Michael Carnahan, Drew Goddard, Damon Lindelof y J. Michael Straczynski, adaptando una novela de Max Brooks. MÚSICA ORIGINAL: Marco Beltrami. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Brad Pitt, Mireille Enos, Daniella Kertesz, James Badge Dale, Ludi Boeken, Matthew Fox, Fana Mokoena, David Morse, Elyes Gabel. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.guerramundialz.es/.



Aunque con algunos antecedentes significativos, como La legión de los hombres sin alma (White Zombie, 1932) de Victor Halperin, Los muertos andan (The Walking Dead, 1936) de Michael Curtiz o Revenge of the zombies (1943) de Steve Sekely, se puede decir que es desde Yo anduve con un zombie (1943) de Jacques Tourneur, la categoría del “muerto viviente” ha jugado un importante papel en el cine de terror. Pero, yendo más allá de la influencia del vudú como origen del mal, tal como hace dicho famoso film, la primera irrupción notable del tema en su formulación más conocida procede, quizás, de El último hombre sobre la tierra (1964) de Ubaldo Ragona, protagonizada por Vincent Price y adaptación de la novela Soy leyenda (1954) de Richard Matheson, la cual fue llevada al cine nuevamente en 1971 (por Boris Sagal, con el título de El último hombre… vivo y con Charlton Heston como protagonista) y en 2007 (bajo la dirección de Francis Lawrence, con el mismo título de la obra literaria y con Will Smith en el papel principal). Sin embargo, en la mente de cualquier aficionado al cine, el título que acudirá será el de La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero. Despojado el tópico de sus lazos con la ciencia-ficción (los cuales tenían gran importancia en el libro de Matheson) y de cualquier implicación mágico-religiosa (como ocurría en la película de Tourneur), los zombies pasaban a ser víctimas de un mal de origen siempre difuso y con una capacidad de infección mayúscula y letal. Romero realizaría otros films de temática similar como Zombi (Dawn of the Dead, 1978), El día de los muertos (Day of the Dead, 1985), La tierra de los muertos vivientes (Land of the Dead, 2005), Diary of the Dead (2007) y Survival of the Dead (2009), pero el género dejó de estar circunscrito exclusivamente a su nombre. Así, caben destacar El regreso de los muertos vivientes (The Return of the Living Dead, 1985) de Dan O’Bannon), El terror llama a su puerta (Night of the Creeps, 1987) de Fred Dekker, La serpiente y el arco iris (1988) de Wes Craven, Braindead (1992) de Peter Jackson, la saga Resident Evil (protagonizada por Milla Jovovich e integrada hasta la fecha por cinco películas, dirigidas por Paul W. S. Anderson – la primera, la cuarta y la quinta-, Alexander Witt – la segunda- y Russell Mulcahy –la tercera-), el díptico 28 días después… (2002) de Danny Boyle y 28 semanas después (2007) de Juan Carlos Fresnadillo y Planet Terror (2007) de Robert Rodriguez. Gran repercusión han tenido la serie de televisión británica Dead Set y, sobre todo, la estadounidense The Walking Dead.

En España, el género ha tenido un sorprendente arraigo y ya en 1972 fue realizada La noche del terror ciego (1972) bajo la dirección de Amando de Ossorio, quien realizaría en los años siguientes El ataque de los muertos sin ojos (1973), El buque maldito (1974) y La noche de las gaviotas (1975). En 1974, Jorge Grau realizaría No profanar el sueño de los muertos. Jesús Franco, a lo largo de su carrera, retomaría el género en títulos como La tumba de los muertos vivientes (1982) o La mansión de los muertos vivientes (1985). En los últimos años, la saga [REC] ha retomado el tema con fuerza y notable éxito (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/04/rec-3-genesis-o-apologia-de-la.html).

Guerra Mundial Z se adentra en el género sin vocación de innovar demasiado aunque con la intención de convertirlo en un producto de consumo masivo. En ello, está el punto fuerte y la gran debilidad de esta película.











Tras numerosos avatares en su producción y tras emplear un presupuesto estimado de 170 millones de dólares, parece claro que no se ha considerado adecuado incidir en el lado más gore del tema, por lo que se ha preferido huir de cualquier tipo de riesgo y dirigirse, con plena convicción, hacia el público familiar, con el fin de lograr la mayor recaudación posible y amortizar la enorme inversión realizada. Por un lado, ello permite ampliar sustancialmente el marco espacial en que se desarrolla la historia, incorporar escenas de acción que proporcionan gran agilidad a la narración y, asimismo, encontrar algún hallazgo visual brillante como el de las montañas de zombies intentando escalar los muros. Pero, por otro lado, se difumina el componente de terror y angustia más importante del género, de forma que los zombies son seres deformes, de aspecto inquietante pero sin que una sola gota de sangre sea perceptible para no asustar a la audiencia.

El suizo Marc Forster, cuya carrera anterior es toda una montaña rusa, tanto por la desigual calidad de sus films como por la variedad temática y de tono (con títulos tan diversos como Monster’s Ball -2001-, Descubriendo Nunca Jamás -2004-, Tránsito -2005-, Cometas en el cielo -2007- o la entrega de la saga Bond Quantum of Solace -2008-) añade un nuevo motivo más de desconcierto en su filmografía, con una película que, además, es, por sí misma, otra desigual montaña rusa: comienza demasiado abruptamente, avanza hacia un ritmo más relajado (en los segmentos que se desarrollan en el buque y en Corea), gana agilidad en las secuencias que tienen lugar en Israel y en el avión que se dirige a Gales y, finalmente, encuentra su tono y su ritmo correctos en el soberbio segmento que se desenvuelve en el centro de investigación de la OMS. Ese tramo final logra salvar el film y que el mismo nos deje con un excelente sabor de boca. Desde el punto de vista interpretativo, toda la película gira en torno a Brad Pitt (quien también es productor de la cinta) que logra superar el reto con su habitual solvencia.

En resumen, Guerra Mundial Z se deja ver pero no hace olvidar los grandes clásicos que seguirán ocupando los primeros puestos en nuestra memoria cinéfila cuando alguien mencione la palabra “zombie”.



Nota (de 1 a 10): 6,75.

Lo que más me gustó: El segmento que se desarrolla en el centro de investigación. La original solución al problema.

Lo que menos me gustó: Que los zombies no den miedo.







viernes, 2 de agosto de 2013

THE PURGE: LA NOCHE DE LAS BESTIAS (o donde fueres, haz lo que vieres)



THE PURGE: LA NOCHE DE LAS BESTIAS (o donde fueres, haz lo que vieres)

TÍTULO: The Purge: La noche de las bestias. TÍTULO ORIGINAL: The PurgeAÑO: 2013. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Francia. DIRECCIÓN Y GUIÓN: James DeMonaco. MÚSICA ORIGINAL: Nathan Whitehead. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ethan Hawke, Lena Headey, Max Burkholder, Adelaide Kane, Edwin Hodge, Rhys Wakefield, Tony Oller, Arija Bareikis, Tom Yi, Chris Mulkey, Tisha French, Dana Bunch, Peter Gvozdas, John Weselcouch, Alicia Vela-Bailey. PÁGINA WEB OFICIAL: http://thepurgeintl.com/es/.

No son precisamente pocas las películas que muestran cómo la masa saca lo peor de sí misma y desata una ola de violencia y tendencias autoritarias que muestran los instintos depredadores agazapados dentro del alma humana. Ya en las lejanas (pero magistrales) M, el vampiro de Düsseldorf (1931) o Furia (1936) de Fritz Lang se narraba ese carácter brutal y opresor que puede llegar a tener el individuo cuando se agrupa. La mezcla de pesimismo y análisis sociológico presente en dichos films sirvió de guía para otros títulos como Conspiración de silencio (1955) de John Sturges, El señor de las moscas (1963) de Peter Brook, La jauría humana (1966) de Arthur Penn, La presa desnuda (1966) de Cornel Wilde, La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick, Perros de paja (1971) de Sam Peckinpah, El enemigo del pueblo (1978) de George Schaefer, En el abismo (1979) de Jonathan Kaplan, Los jueces de la ley (1983) de Peter Hyams, Querida Wendy (2004) de Thomas Vinterberg, La ola (2008) de Dennis Gansel, La cinta blanca (2009) de Michael Haneke o la reciente La caza (2012) de Thomas Vinterberg (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/05/la-caza-o-cuando-nada-puede-volver-ser.html), donde la agresividad se manifiesta de forma sutil y sibilina. Otras veces, prescindiendo de la dimensión colectiva de la expresión de la violencia, el énfasis se ha centrado, simplemente, en la pulsión violenta (y, muchas veces, criminal) que anida en todos nosotros y que aflora de forma fría y despiadada como ocurre en El coleccionista (1965) de William Wyler, Callejón sin salida (1966) de Roman Polanski, 2001: Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/05/2001-una-odisea-del-espacio-y-eligeme.html), Las pistolas del infierno (1968) de Jerry Thorpe, Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese, The Killer Inside Me (1976) de Burt Kennedy y El demonio bajo la piel (2010) de Michael Winterbottom – adaptaciones ambas de la novela El asesino dentro de mí de Jim Thompson, autor imprescindible del género negro-, Acorralado (1982) de Ted Kotcheff, Coto de caza (1983) de Jorge Grau, Acero azul (1989) de Kathryn Bigelow o Funny Games (de Michael Haneke, en sus dos versiones de 1997 y 2007). Por supuesto, el género criminal y de terror ha recogido el tema y obras como El gato negro (1934) de Edgar Ulmer, La soga (1948), Extraños en un tren (1951) y Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock, Impulso criminal (1959), El estrangulador de Boston (1968) y El estrangulador de Rillington Place (1971) de Richard Fleischer, El fotógrafo del pánico (1960) de Michael Powell, La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero, ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Narciso Ibáñez Serrador, Los chicos del maíz (1984) de Fritz Kiersch o Seven (1995) de David Fincher nos hablan de tendencias asesinas con múltiples matices y variantes. En un cruce de caminos entre todas estas tendencias, se sitúa The Purge: La noche de las bestias.





En un futuro cercano, en Estados Unidos, se ha instaurado la posibilidad de que, durante una noche al año, haya barra libre para que cada sujeto desahogue su violencia y pueda matar a quien desee sin que ello sea castigado de ningún modo. La llamada “noche de la purga” es contemplada como un mecanismo de liberación y purificación que, paradójicamente, ha traído la paz y la prosperidad al país. A partir de esta premisa narrativa, la película puede ser interpretada según distintos niveles de lectura que van desde el análisis de la psicología humana hasta la crítica a determinadas circunstancias sociales y políticas que se han convertido en señas de identidad de nuestra época. Porque la violencia que se desata, no se aplica por igual a cualquier individuo: acaba concentrándose en aquellos estratos sociales que no pueden pagarse su protección. De esta forma, la película acaba siendo la disección de unos tiempos en los que los más débiles quedan expuestos al albur de cualquier capricho o eventualidad.

La historia de este film se resuelve en sólo 85 minutos, de modo que el mismo queda encuadrado dentro del grupo de miniaturas con vocación de funcionar como mecanismos perfectos de relojería, breves pero intensas, secas pero contundentes, quedando, por ello, emparentadas con títulos como los westerns que dirigiera Budd Boetticher teniendo como protagonista a Randolph Scott (Tras las pista de los asesinos –1956-, Los cautivos -1957-, Buchanan cabalga de nuevo -1958-, Cabalgar en solitario -1959-, Estación comanche -1960-), películas que, en poco más de una hora, despachaban la trama y que se caracterizaban por su fuerza y concisión. De modo similar, The Purge: La noche de las bestias está diseñada a base de un magistral crescendo narrativo y unas eficaces interpretaciones, hilvanado todo ello con unos detalles visuales (el robot del hijo, las máscaras de la banda violenta, las puertas metálicas que protegen la casa de la familia protagonista) y unos elementos de guión (los noticiarios que van apareciendo a lo largo de la película y en los títulos de crédito finales) que articulan una historia potente y de fuerte expresividad.

Posiblemente, su único defecto es que ha asumido en exceso su condición de título menor (su presupuesto se ha elevado a la irrisoria cifra de 3 millones de dólares, aproximadamente) y ello le impide ser una película de mayor enjundia de la que, finalmente, es. Pese a ello, es un título absolutamente recomendable y que engancha inteligentemente al espectador desde el primer hasta el último momento.


Nota (de 1 a 10): 7,5.

Lo que más me gustó: Un crescendo narrativo hábilmente manejado. La sencillez con que combina género de terror y reflexión sociopolítica.

Lo que menos me gustó: Podría ser más de lo que finalmente es.