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viernes, 7 de febrero de 2014

LA GRAN ESTAFA AMERICANA y LA VENUS DE LAS PIELES

LA GRAN ESTAFA AMERICANA (o el arte de la supervivencia)

TÍTULO: La gran estafa americana. TÍTULO ORIGINAL: American Hustle. AÑO: 2013. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: David O. Russell. GUIÓN: Eric Warren Singer y David O. Russell. MÚSICA ORIGINAL: Danny Elfman. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Linus Sandgren. MONTAJE: Alan Baumgarten, Jay Cassidy y Crispin Struthers. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Christian Bale, Bradley Cooper, Amy Adams, Jeremy Renner, Jennifer Lawrence, Robert de Niro, Louis C. K., Jack Huston, Michael Peña, Shea Whigham, Alessandro Nivola, Elisabeth Röhm, Paul Herman, Saïd Taghmaoui, Matthew Russell, Thomas Matthews, Adrian Martinez, Anthony Zerbe, Colleen Camp. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.tripictures.com/web/american-hustle/ y http://www.americanhustle-movie.com/site/.

Cuenta una historia que un padre dejó en herencia a sus tres hijos once monedas de oro. En el testamento, estipuló que la mitad de las monedas serían para su hijo mayor, una cuarta parte para su hijo mediano y una sexta parte para su hijo menor. Como, al hacer la división, no salían números enteros, no sabían cómo proceder. Un forastero que pasaba por el pueblo vio cómo se debatían entre dudas y alternativas que no les acababan de convencer y, entonces, se acercó a ellos y les propuso una salida a su dilema:

- Mirad, como no sabéis qué hacer, ¿por qué no probáis con la solución que se me ha ocurrido? Lo que voy a hacer es añadir una moneda de oro que yo tengo a las once que os ha dejado vuestro padre.

- Pero, ¿está dispuesto usted a perder una moneda de oro por hacer un favor a unos desconocidos? - dijo el hijo mayor.

- Ya veréis que no va a haber problema...

Una vez que había doce monedas a repartir, el hijo mayor tomó las seis monedas que le correspondían (la mitad). El hijo mediano tomó tres (la cuarta parte). Y el hijo menor, dos (la sexta parte). Por lo tanto, entre los tres hermanos se repartieron once monedas. El forastero tomó la moneda sobrante (que era la que él había añadido) y siguió su camino.

Esta historia es pertinente a la hora de hablar de La gran estafa americana por dos motivos. El primero, porque en su trama hay un personaje que interviene para poner en marcha todo el conflicto y que, como la moneda del forastero, acaba desapareciendo a pesar de que ha sido la pieza fundamental para activar el mecanismo. El segundo, porque echo de menos al principio del film una imagen o metáfora similar para que el sorpresivo desenlace no nos pille tan a contrapié.







Recordemos cómo, en Match point (2005), Woody Allen empezaba con una pelota de tenis que iba pasando a uno y a otro lado de la cancha para acabar dando en el filo de la red y mantenerse en el aire con incierto resultado. Gracias a esa imagen inicial y otra similar, casi al final de la película, en la que no sabíamos de qué lado de la barandilla iba a caer un anillo, lograba sustentar el significado de la historia y de su reflexión sobre los caprichos del azar. La gran estafa americana carece de esa transparencia y de esa claridad de intenciones. Posiblemente porque fía demasiado a que el espectador termine boquiabierto con su desenlace y ello provoca que el guión oculte demasiado sus cartas y los detalles de la trama queden difuminados más de lo que sería conveniente. Otra consecuencia de su planteamiento es que el tono del film va sufriendo cambios bruscos a lo largo de su desarrollo sin que parezca llegar a encontrar uno en el que se sienta definitivamente cómodo: su comienzo nos hace recordar a Uno de los nuestros (1990) de Martin Scorsese, su parte intermedia es una mezcla de Espía por mandato (1962) de George Seaton, El golpe (1973) de George Roy Hill y La noche es nuestra (2007) de James Gray pero su tramo final se aproxima a La tapadera (1993) de Sidney Pollack.










A pesar de ello, la película se salva y se puede contemplar con agrado por dos factores fundamentales. El primero, el magnífico diseño de producción que logra recrear los últimos años 70 con plena credibilidad. El segundo, las espléndidas interpretaciones de los protagonistas, destacando especialmente las de Christian Bale, Amy Adams y Jennifer Lawrence. El trabajo de los actores suple de forma sobrada las carencias del guión y logra proporcionar sustancia dramática a los conflictos en los que se encuentran atrapados los personajes y a los dilemas éticos a los que, impensadamente, se ven abocados, ya que, quienes se han limitado a intentar ir sobreviviendo a salto de mata, vislumbran que hay límites que no se deben sobrepasar.

Nominada a diez Oscar (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor - Christian Bale-, Mejor Actriz - Amy Adams-, Mejor Actor de Reparto - Bradley cooper-, Mejor Actriz de Reparto - Jennifer Lawrence-, Mejor Guión Original, Mejor Diseño de Producción, Mejor Vestuario y Mejor Montaje), hay que considerar muy justificadas las nominaciones al reparto, al diseño de producción y al vestuario pero desproporcionado el número total obtenido en relación a otra películas como El lobo de Wall Street, Gravity o 12 años de esclavitud cuya calidad es, indudablemente, superior.



Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: Las interpretaciones de Christian Bale, Amy Adams y Jennifer Lawrence.

Lo que menos me gustó: La película nunca acaba de tener claros su tono y su ritmo.




LA VENUS DE LAS PIELES (o los fantasmas atacan al jefe)


TÍTULO: La Venus de las pieles. TÍTULO ORIGINAL: La Vénus à la fourrure. AÑO: 2013. NACIONALIDAD: Francia-Polonia. DIRECCIÓN: Roman Polanski. GUIÓN: David Ives y Roman Polanski, adaptando una obra teatral de David Ives, inspirada, a su vez, en la novela homónima de Leopold von Sacher-Masoch. MÚSICA ORIGINAL: Alexandre Desplat. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Pawel Edelman. MONTAJE: Hervé de Luze y Margot Meynier. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Emmanuelle Seigner, Mathieu Amalric. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.wandavision.com/site/sinopsis/la_venus_de_las_pieles.



“DIONISO: ¡Mujeres, nuestro hombre penetra en la red! Acudirá ante las bacantes, adonde va a pagar la pena con su muerte. ¡Dioniso, tuya es la acción!¡Que no está lejos! Le castigaremos. Primero sácale de sus cabales insuflándole una ligera locura. Porque, si piensa con sensatez, me temo que no quiera revestir el atuendo femenino. Pero si se le aparta de su sensatez lo hará. Quiero que él sirva de escarmiento y risa a los tebanos, cuando yo le conduzca con hábito de mujer a través de la ciudad, después de sus amenazas de antes, en las que resultaba tan tremendo. Pero voy a ajustar a Penteo el adorno con el que saldrá para el Hades, degollado en las manos de su madre. Conocerá al hijo de Zeus, a Dioniso, que es un dios por naturaleza en todo su rigor, el más terrible y el más amable para los humanos.”


(Pasaje de Las Bacantes de Eurípides)


“- ¿No me conocéis aún? Sí, soy cruel: ya que tanto te gusta esa palabra. ¿Pero no tengo derecho para serlo? El hombre es el que solicita, la mujer es lo solicitado. Esta es su ventaja única, pero decisiva. La naturaleza la entrega al hombre por la pasión que le inspira, y la mujer que no hace del hombre su súbdito, su esclavo, ¿qué digo?, su juguete, y que no le traiciona riendo, es una loca.”


(Pasaje de La Venus de las pieles de Leopold von Sacher-Masoch)




Según se dice en un momento dado en esta película, la novela de Leopold von Sacher-Masoch que le da título entronca con la tragedia de Eurípides Las bacantes. En ambas obras, una divinidad se rebaja a descender entre los mortales para dejar claros su poder y su magnificencia. En el caso de la tragedia griega, era el dios Dioniso. En el caso de la novela austríaca de 1870, era la diosa Venus. Esta película (con la intermediación de la obra teatral de David Ives, adaptación, a su vez, de la novela antes citada) recoge ese espíritu y habla, a su modo, de divinidades que imponen su ley. Sólo que, más que divinidades, son, más bien, fantasmas oscuros que sólo salen a la luz en ambientes claustrofóbicos y en situaciones alejadas de la rutina y la normalidad.


No es la primera vez que Polanski se sirve de un reparto reducido y de un escenario cerrado para indagar en los abismos de la psique. Ya en este blog comentamos Un dios salvaje (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/12/un-metodo-peligroso-y-un-dios-salvaje.html), donde sólo había cuatro actores. Pero, si repasamos su filmografía anterior, ello no es ninguna rareza. Ya en su primera película, El cuchillo en el agua (1962), el reparto se limitaba a tres personajes. En Repulsión (1965), buena parte del metraje se lo llevaba una Catherine Deneuve en solitario delirando en el interior de una casa vacía. Callejón sin salida (1966) y La semilla del diablo (1968) también se caracterizaban por un pequeño elenco interactuando en edificios que parecían, más bien, laberintos sin salida. En La muerte y la doncella (1994), eran tres personajes los que, prácticamente, centraban la acción. Se puede llegar a plantear si la auténtica vocación de Polanski no es hacer este tipo de películas en vez de las que pasan por ser sus clásicos genuinos como Chinatown (1974), Tess (1979) o El pianista (2002). La Venus de las pieles no hace más que alimentar nuestras dudas.











Porque nos cuesta no pensar que un Mathieu Amalric caracterizado como un Polanski más joven no es un trasunto bastante obvio del director. Porque ello se refuerza por el hecho de que la antagonista de tal personaje es la propia esposa de Polanski en la vida real. Porque es difícil no admitir que el final de esta película engarza con la escena de Callejón sin salida en la que los delincuentes huidos llegan a la casa donde transcurre la mayor parte de su acción, como si el director nos quisiera dar a entender que La Venus de las pieles viene a desvelar algunas de las principales claves de su filmografía. Y, entonces, una sensación de vértigo empieza a asaltarnos. ¿Es esta película una confesión impúdica del propio director en la que nos revela las obsesiones que le acosan?


Esta pregunta queda, forzosamente, sin respuesta. Porque, igual podemos concluir que, aunque aparentemente, hay dos personajes, en realidad hay uno sólo y todo es una fantasía que tiene más de juego que de catarsis. O, alternativamente, que todo es una reflexión sobre el teatro y la interpretación y sobre su carácter liberador y casi exorcizador.


Lo que sí tenemos claro es que esta película es fiel al mundo de su director y a su pertinaz moraleja de que las pulsiones más sombrías siempre nos acaban dominando, que no podemos escapar de ellas y que nuestra voluntad es un simple juguete en sus manos. Llevada con un excelente pulso dramático y contando con una soberbia interpretación de Emmanuelle Seigner, La Venus de las pieles es una muestra más del enorme talento del director polaco y de su habilidad para llevarnos a territorios incómodos y desasosegantes.






Nota (de 1 a 10): 8.


Lo que más me gustó: Su excelente pulso dramático. Emmanuelle Seigner.


Lo que menos me gustó: Las pistas que da al espectador desconciertan más que aclaran.


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