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sábado, 26 de abril de 2014

IDA (o no somos lo que somos sino lo que decidimos ser)



IDA (o no somos lo que somos sino lo que decidimos ser)

TÍTULO: Ida. TÍTULO ORIGINAL: Ida. 2013. NACIONALIDAD: Polonia-Dinamarca. DIRECCIÓN: Pawel Pawlikowski. GUIÓN: Rebecca Lenkiewicz y Pawel Pawkilowski. MÚSICA ORIGINAL: Kristian Eidnes Andersen. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Ryszard Lenczewski y Lukasz Zal. MONTAJE: Jaroslaw Kaminski. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski, Jerzy Trela. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.caramelfilms.es/site/sinopsis/ida.

Hay en esta película dos referencias musicales que, sin parecer que digan mucho, dicen más de lo que, en un primer momento, podemos llegar a percibir. La primera, es una vieja conocida en este blog: el Preludio Coral en Fa-menor Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ (BWV 639) de Johann Sebastian Bach.






Recordemos que aparecía en Nymphomaniac de Lars von Trier (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2014/01/nymphomaniac-volumen-2-o-joe-es-lars.html) y ya, en la reseña de esta película, hablamos de que era el tema central de la banda sonora de Solaris (1972) de Andrei Tarkovski. Tanto este film como el de von Trier tiene en común con Ida que se tratan todos ellos de viajes interiores cuyo destino no está en ninguna parte sino, en realidad, en el centro de las almas de sus propios protagonistas.

La segunda referencia, más tangencial, es la canción italiana 24 mila baci, interpretada originalmente por Adriano Celentano.






Esta canción también aparecía en ¿Te acuerdas de Dolly Bell? (1981) de Emir Kusturica, película que narraba la historia de iniciación de un niño en el Sarajevo anterior a la disolución de Yugoslavia.

Uniendo estos dos hilos, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Ida es una historia de iniciación y de búsqueda interior y, aunque las referencias a la historia de Polonia durante la II Guerra Mundial y la posguerra son fundamentales para entender lo que se nos narra, de lo que la película nos habla, en realidad, es sobre cómo actuamos y cómo podemos actuar en un contexto difícil y abrumador.






viernes, 11 de abril de 2014

CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (o cuando “el patriotismo es el último refugio de los canallas” *)




CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (o cuando “el patriotismo es el último refugio de los canallas” *)

TÍTULO: Capitán América: El soldado de invierno. TÍTULO ORIGINAL: Captain America: The Winter Soldier. AÑO: 2014. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: Anthony Russo y Joe Russo. GUIÓN: Christopher Markus, Stephen McFeely y Ed Brubaker, adaptando los cómics de Joe Simon y Jack Kirby. MÚSICA ORIGINAL: Henry Jackman. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Trent Opaloch. MONTAJE: Jeffrey Ford y Matthew Schmidt. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Chris Evans, Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson, Robert Redford, Sebastian Stan, Anthony Mackie, Cobie Smulders, Frank Grillo, Maximiliano Hernández, Emily VanCamp, Hayley Atwell, Toby Jones, Stan Lee. PÁGINA WEB OFICIAL: https://www.facebook.com/Capitan.America.2014 y http://marvel.com/captainamerica.

Aunque la anterior película que llevó a la gran pantalla las aventuras de este personaje de cómic no obtuvo especial reconocimiento crítico en España, en este blog nos gustó bastante (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/09/capitan-america-el-primer-vengador-y.html). Posiblemente, si nos encajamos en clichés preestablecidos podía resultar difícil captar buena parte de los matices que hilvanaban la narración, disfrutar de su aguda reflexión sobre la construcción de los mitos nacionales y sentir la emoción que embargaba su arriesgado desenlace. Si alguien se perdió el trasfondo conceptual de la primera entrega, posiblemente no identificará cómo Capitán América: El soldado de invierno conecta con aquella y da pleno sentido a la intrincada trama sobre la que se levanta esta segunda parte.

Porque, tras conocer cómo Steve Rogers sacrificó su vida por la lucha de un ideal, renunciando a cosas muy queridas en su vida, ahora vemos cómo ese ideal está siendo pervertido y manipulado. En gran medida, el protagonista acaba siendo el personaje absolutamente idóneo para contemplar dicha perversión y dicha manipulación. Porque siendo alguien quien vivió y luchó en el momento en que las libertades atravesaron su momento más crítico (la II Guerra Mundial y el combate contra el nazismo), es el testigo perfecto para percibir que los modos y formas del presente no corresponden a las ideas por las que él peleó. Y este planteamiento sirve para encajar lo que es una típica película de acción con otro tipo de género que también trató ese tema: el thriller paranoico-conspiranoico de los años 60 y 70. Para hacernos una idea, recordemos El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 1962) y Siete días de mayo (Seven Days in May, 1964) de John Frankenheimer, Acción ejecutiva (Executive Action, 1973) de David Miller, El último testigo (The Parallax View, 1972) y Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, de Alan J. Pakula, Los tres días del Cóndor (1975) de Sidney Pollack, De presidio a primera página (The Domino Principle, 1977) de Stanley Kramer o El síndrome de China (The China Syndrome, 1979) de James Bridges. Aunque es cierto que no es la primera vez que se utiliza este modelo para narrar una historia de decepción ideológica, quizás nunca antes había sido tan oportuno recuperarlo para mostrar la evolución de un personaje de cómic tan característico y con unos perfiles tan acusados.





viernes, 4 de abril de 2014

EL GRAN HOTEL BUDAPEST (o la nostalgia por lo que, tal vez, nunca existió)

EL GRAN HOTEL BUDAPEST (o la nostalgia por lo que, tal vez, nunca existió)

TÍTULO: El gran hotel Budapest. TÍTULO ORIGINAL: The Grand Budapest Hotel. AÑO: 2014. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Alemania. DIRECCIÓN: Wes Anderson. GUIÓN: Wes Anderson y Hugo Guinness, inspirado en los escritos de Stefan Zweig. MÚSICA ORIGINAL: Alexandre Desplat. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Robert D. Yeoman. MONTAJE: Barney Pilling. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ralph Fiennes, Tony Revolori, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Adrien Brody, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Harvey Keitel, Jude Law, Bill Murray, Edward Norton, Saoirse Ronan, Jason Schwartzman, Léa Seydoux, Tilda Swinton, Tom Wilkinson, Owen Wilson, Giselda Volodi. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.elgranhotelbudapest.es/ y http://www.grandbudapesthotel.com/.

En Viaje a Darjeeling (2007), tres hermanos (Owen Wilson, Adrien Brody y Jason Schwartzman), heridos y magullados por la vida (lo de heridos y magullados, era tanto en sentido metafórico como literal), decidían hacer un viaje redentor por la India en busca de su madre. En la medida en que quedó claro que la redención era difícil e improbable, en Moonrise Kingdom (2012), Wes Anderson nos venía a decir que el único paraíso posible sería el de una infancia perdida y sin posibilidad de recuperar, simbolizada en una playa borrada del mapa para siempre (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/07/moonrise-kingdom-y-el-caballero-oscuro.html). En El gran hotel Budapest, el original director norteamericano da una nueva vuelta de tuerca y concluye con que, quizás, ni tan siquiera podamos pensar que esa playa existió alguna vez o que, en algún momento, haya habido algún paraíso en la tierra. 

El guión de El gran hotel Budapest está inspirado, tal como se dice antes de los títulos de crédito finales, en los escritos de Stefan Zweig (1881-1942), el autor que, por excelencia, expresó su melancolía por la pérdida del espíritu centroeuropeo anterior a la I Guerra Mundial (http://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig). La pérdida de ese espíritu, simbolizada en la disolución del Imperio Austrohúngaro, es un tema al que, recurrentemente,  vuelve el mundo cultural, añorando que, en otra época, había otros modos de vida y otros hábitos y costumbres que eran mucho más dignos que los que, actualmente, disfrutamos. Frente a esa idea, yo siempre me hago una pregunta: si el Imperio Austrohúngaro era tan maravilloso, ¿cómo pudo desintegrarse sin que, en su día, nadie mostrara la menor oposición?¿Y cómo es que, a posteriori, a nadie se le ocurriera defender su restauración? A esa pregunta, Wes Anderson responde pero, claro, a su manera.