Translate

viernes, 11 de abril de 2014

CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (o cuando “el patriotismo es el último refugio de los canallas” *)




CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (o cuando “el patriotismo es el último refugio de los canallas” *)

TÍTULO: Capitán América: El soldado de invierno. TÍTULO ORIGINAL: Captain America: The Winter Soldier. AÑO: 2014. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: Anthony Russo y Joe Russo. GUIÓN: Christopher Markus, Stephen McFeely y Ed Brubaker, adaptando los cómics de Joe Simon y Jack Kirby. MÚSICA ORIGINAL: Henry Jackman. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Trent Opaloch. MONTAJE: Jeffrey Ford y Matthew Schmidt. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Chris Evans, Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson, Robert Redford, Sebastian Stan, Anthony Mackie, Cobie Smulders, Frank Grillo, Maximiliano Hernández, Emily VanCamp, Hayley Atwell, Toby Jones, Stan Lee. PÁGINA WEB OFICIAL: https://www.facebook.com/Capitan.America.2014 y http://marvel.com/captainamerica.

Aunque la anterior película que llevó a la gran pantalla las aventuras de este personaje de cómic no obtuvo especial reconocimiento crítico en España, en este blog nos gustó bastante (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2011/09/capitan-america-el-primer-vengador-y.html). Posiblemente, si nos encajamos en clichés preestablecidos podía resultar difícil captar buena parte de los matices que hilvanaban la narración, disfrutar de su aguda reflexión sobre la construcción de los mitos nacionales y sentir la emoción que embargaba su arriesgado desenlace. Si alguien se perdió el trasfondo conceptual de la primera entrega, posiblemente no identificará cómo Capitán América: El soldado de invierno conecta con aquella y da pleno sentido a la intrincada trama sobre la que se levanta esta segunda parte.

Porque, tras conocer cómo Steve Rogers sacrificó su vida por la lucha de un ideal, renunciando a cosas muy queridas en su vida, ahora vemos cómo ese ideal está siendo pervertido y manipulado. En gran medida, el protagonista acaba siendo el personaje absolutamente idóneo para contemplar dicha perversión y dicha manipulación. Porque siendo alguien quien vivió y luchó en el momento en que las libertades atravesaron su momento más crítico (la II Guerra Mundial y el combate contra el nazismo), es el testigo perfecto para percibir que los modos y formas del presente no corresponden a las ideas por las que él peleó. Y este planteamiento sirve para encajar lo que es una típica película de acción con otro tipo de género que también trató ese tema: el thriller paranoico-conspiranoico de los años 60 y 70. Para hacernos una idea, recordemos El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 1962) y Siete días de mayo (Seven Days in May, 1964) de John Frankenheimer, Acción ejecutiva (Executive Action, 1973) de David Miller, El último testigo (The Parallax View, 1972) y Todos los hombres del presidente (All the President’s Men, de Alan J. Pakula, Los tres días del Cóndor (1975) de Sidney Pollack, De presidio a primera página (The Domino Principle, 1977) de Stanley Kramer o El síndrome de China (The China Syndrome, 1979) de James Bridges. Aunque es cierto que no es la primera vez que se utiliza este modelo para narrar una historia de decepción ideológica, quizás nunca antes había sido tan oportuno recuperarlo para mostrar la evolución de un personaje de cómic tan característico y con unos perfiles tan acusados.







Porque Capitán América, más que representar un patrioterismo de perfil bajo, representa la esencia de lo que es el verdadero patriotismo. Nunca se vio esto con tanta claridad como en Civil War, la famosa serie de Marvel escrita por Mark Millar y dibujada por Steve McNiven (http://es.wikipedia.org/wiki/Civil_War_%28Marvel_Comics%29), en la que, ante la obligación impuesta por el Congreso de los Estados Unidos de crear un Registro de Superhumanos, los héroes de la Marvel se dividieron en dos bandos irreconciliables, iniciando una lucha a muerte entre ambos. Liderando a los defensores de la iniciativa, estaba Iron Man (simbólicamente, el representante de las grandes corporaciones). Liderando a los detractores estaba de forma aparentemente sorprendente el Capitán América. Digo sorprendente porque ¿quién podía representar que este personaje, representativo de los valores norteamericanos, se opusiera a una decisión del Congreso? Porque, siendo como era un representante de los valores citados, su decisión lógica era oponerse a una medida que suponía un recorte claro de libertades.

Lo que se nos muestra en Capitán América: El soldado de invierno no dista en espíritu de lo que acabamos de contar. Por ello, logrando una perfecta simbiosis entre los dos géneros, esta película no logra traicionar a ninguna de los dos y, aparte de mostrarnos una trama conspiranoica muy bien trabada, nos sirve un gran espectáculo de acción, con escenas magníficamente rodadas que sirven para mantener la tensión de un guión cuidadosamente estructurado. Asimismo, la película se beneficia de cómo buena parte del reparto (Chris Evans, Robert Redford, Samuel L. Jackson) se ajustan como un guante a sus respectivos personajes, debiendo destacar el trabajo de Scarlett Johansson, magnífica en su caracterización de Natasha Romanoff.

Película que puede ser contemplada simultáneamente como puro espectáculo de acción, como ejemplo de precisa reflexión política y como sutil retrato del desencanto ideológico, Capitán América: El soldado de invierno se convierte en una de las grandes sorpresas de lo que llevamos de este año 2014.


Nota (de 1 a 10): 9.

Lo que más me gustó: Su perfecta simbiosis entre película de acción adrenalítica y thriller paranoico-conspiranoico típico de los años 60 y 70. Las escenas de acción están magníficamente rodadas. Scarlett Johansson.

Lo que menos me gustó: El photoshop a destajo sobre el rostro de Chris Evans.

* La frase entrecomillada fue pronunciada por el escritor inglés Samuel Johnson (1709-1784).




No hay comentarios:

Publicar un comentario