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viernes, 15 de agosto de 2014

CRÓNICAS DIPLOMÁTICAS y EL GRAN CUADERNO



Antes de empezar con los temas de la entrada de hoy, quiero recordar que el proyecto GIRQIK mantiene abierto el plazo de captación de recursos a través de la plataforma de crowfunding Verkami: http://www.verkami.com/projects/8493-girqik-la-pelicula





Recordemos que se trataría de una cinta de animación, realizada con títeres, y que tendría como tema central del medio ambiente y la oportunidad que tenemos de ayudar a su conservación. El proyecto se realizaría en Guatemala y sería el primero de estas características en toda Centroamérica.




 Tienen hasta el 9 de septiembre si quieren ayudar a la realización de esta bonita idea.


LAUREN BACALL y ROBIN WILLIAMS IN MEMORIAM

Antes de comentar las dos películas a las que vamos a dedicar la entrada de hoy, tenemos que lamentar la muerte de dos importantes estrellas del Séptimo Arte.

El 11 de agosto nos enterábamos del fallecimiento, a la edad de 63 años, de Robin Williams (http://www.elmundo.es/cultura/2014/08/12/53e94e05268e3e1f3d8b4592.html). Como muchos actores que, en Estados Unidos, empezaron en el terreno del humor, acabó participando en proyectos de mayor enjundia, de forma que ganó el Oscar como mejor actor de reparto por El indomable Will Hunting (Gus van Sant, 1997) y el Globo de Oro al mejor actor de comedia o musical por Good morning, Vietnam (Barry Levinson, 1987), El rey pescador (Terry Gilliam, 1991) y Señora Doubtfire, papá de por vida (Chris Columbus, 1993). Aparte de estos títulos merecen ser destacados El mundo según Garp (George Roy Hill, 1982), Las aventuras del barón Munchausen (Terry Gilliam, 1988), El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989), Despertares (Penny Marshall, 1990), Morir todavía (Kenneth Branagh, 1991), Jumanji (Joe Johnston, 1995), Jack (Francis Ford Coppola, 1996), Hamlet (Kenneth Branagh, 1996), Desmontando a Harry (Woody Allen, 1997), Más allá de los sueños (Vincent Ward, 1998), Patch Adams (Tom Shadyac, 1998), El hombre bicentenario (Chris Columbus, 1999), Retratos de una obsesión (Mark Romanek, 2002), Insomnio (Christopher Nolan, 2002), El hombre del año (Barry Levinson, 2006) y El mayordomo (Lee Daniels, 2013), la cual comentamos en este blog: http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/10/el-medico-aleman-y-el-mayordomo.html






Al día siguiente, el 12 de agosto, la noticia que saltaba era la de la muerte de Lauren Bacall, una de las últimas estrellas vivas del Hollywood clásico. Pareja de Humphey Bogart, tanto en la gran pantalla como en la vida real, en su carrera brillan títulos de primer nivel como Tener y no tener (Howard Hawks, 1942), El sueño eterno (Howard Hawks, 1946), La senda tenebrosa (Delmer Daves, 1947), Cayo Largo (John Huston, 1948), El trompetista (Michael Curtiz, 1950), El rey del tabaco (Michael Curtiz, 1950), Cómo casarse con un millonario (Jean Negulesco, 1953), La tela de araña (Vincente Minnelli, 1955), Callejón sangriento (William A. Wellman, 1955), Escrito sobre el viento (Douglas Sirk, 1956), Mi desconfiada esposa (Vincente Minnelli, 1957), Harper, investigador privado (Jack Smight, 1966), El último pistolero (Don Siegel, 1976), Dogville (Lars von Trier, 2003), Reencarnación (Jonathan Glazer, 2004) y Manderlay (Lars von Trier, 2005).





Nuestro deseo para ambos de que descansen en paz.


CRÓNICAS DIPLOMÁTICAS (o el humo detrás de las palabras)

TÍTULO: Crónicas diplomáticas. TÍTULO ORIGINAL: Quai d’Orsay. AÑO: 2013. NACIONALIDAD: Francia. DIRECCIÓN: Bertrand Tavernier. GUIÓN: Bertrand Tavernier, Christophe Blain y Antonin Baudry, adaptando el cómic homónimo de Christophe Blain y Abel Lanzac. MÚSICA ORIGINAL: Philippe Sarde. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Jérôme Alméras. MONTAJE: Guy Lecorne. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Thierry Lhermitte, Raphaël Personnaz, Niels Arestrup, Bruno Raffaelli, Julie Gayet, Anaïs Demoustier, Thomas Chabrol. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.golem.es/distribucion/pelicula.php?id=300

En los últimos tiempos, ha habido bastantes películas que han intentado reflejar qué esconden las interioridades del proceso político para mostrar qué dosis de corrupción, cinismo, inoperancia y contradicción existen en el mismo. En este blog, hemos comentado La Dama de Hierro (2011) de Phyllida Lloyd (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/01/la-dama-de-hierro-o-la-soledad-era-esto.html), J. Edgar (2011) de Clint Eastwood (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/02/j-edgar-o-el-poder-corrompe-y-el-poder.html), Los idus de marzo (2011) de George Clooney (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/03/los-idus-de-marzo-o-lo-que-la-venganza.html), Malas noticias (Too big to fail) (2011) de Curtis Hanson (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/07/malas-noticias-too-big-to-fail-o.html), Lincoln (2012) de Steven Spielberg (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/01/lincoln-o-la-politica-es-la.html), Coriolanus (2011) de Ralph Fiennes (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/02/coriolanus-y-bestias-del-sur-salvaje.html), Colosio: El asesinato (2012) de Carlos Bolado (http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2013/04/16-festival-de-malaga-cine-espanol-2013_2115.html) y Viva la libertá (2013) de Roberto Andó.

El título original en francés de Crónicas diplomáticas es Quay d’Orsay, el cual se refiere a la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. En dicho edificio, es donde transcurrirá buena parte de esta película, la cual, en clave de comedia, retrata la gestión al frente de dicho departamento de un político presuntamente ficticio pero cuya referencia real es, de forma evidente, Dominique de Villepin, que ocupó el cargo de mayo de 2002 a marzo de 2004. Crónicas diplomáticas muestra cómo la gestión política, en contra de lo que pudiera pensarse, está marcada por unas dosis de improvisación, descoordinación y falta de planificación que convierten en milagro cualquier éxito o incidencia favorable. Pero, aunque los mismos no tengan lugar, las palabras pueden ser la fachada perfecta para disfrazar el caos. Como dice la frase del filósofo griego Heráclito que se reproduce en el film, “los estúpidos se quedan pasmados por un discurso”. Que es lo que, al final, sucede.







Crónicas diplomáticas tiene varias virtudes. La primera de ellas, la excelente labor de todo el reparto, debiendo destacar, sobre todo, a Thierry Lhermitte y Niels Arestrup. Thierry Lhermitte da una lección de cómo mostrar en el cine a un personaje real (aunque, aparentemente, no lo sea). No se trata de imitarlo (lo cual ha llevado a grandes fracasos interpretativos) sino utilizar algunos de sus rasgos, tics y formas de comportarse para, transformándolos con sutileza, hacer una caracterización coherente, verosímil y libre de efectismos. También está magnífico Niels Arestrup en su papel de director de gabinete. Este personaje es fundamental en la película al retratar a quien, en la sombra, controla, en realidad, los hilos del día a día de un ministerio y quien es capaz de resolver los problemas cuando se presentan. En consonancia con ello, realiza una interpretación sobria, discreta pero de un altísimo nivel.

Merece destacarse la dirección de Bertrand Tavernier. Realizador de gran experiencia que tiene en su haber títulos como El juez y el asesino (1976), La muerte en directo (1980), 1280 almas (1981), Alrededor de la medianoche (1986), Capitan Conan (1996) u Hoy empieza todo (1999), imprime con gran naturalidad al film el tono de comedia que debe tener, de forma que su humor es sutil sin dejar de ser obvio, a la vez que su ritmo es ágil sin llegar a ser acelerado.

Película inteligente y ácida, Crónicas diplomáticas es una de las grandes sorpresas de la temporada, en la medida en que sabe abordar con éxito indudable un tema cuyo tratamiento no es precisamente sencillo y que se prestaba a numerosas tentaciones que la cinta elude con gran sabiduría.


Nota (de 1 a 10): 8,25.

Lo que más me gustó: La acidez de su retrato. Las interpretaciones de Thierry Lhermitte y Niels Arestrup.

Lo que menos me gustó: Las tomas falsas en los títulos de crédito finales.



EL GRAN CUADERNO (o el aprendizaje de la sordidez)

TÍTULO: El gran cuaderno. TÍTULO ORIGINAL: A nagy füzet. AÑO: 2013. NACIONALIDAD: Hungría-Alemania-Austria-Francia. DIRECCIÓN: János Szász. GUIÓN: Tom Abrams, András Szekér y János Szász, adaptando la novela homónima de Agota Kristof. MÚSICA DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Christian Berger. MONTAJE: Szilvia Ruszev. INTÉRPRETES PRINCIPALES: András Gyémánt, László Gyémánt, Gyöngyvér Bognár, Piroska Molnár, András Réthelyi, Ulrich Thomsen, Orsolya Tóth. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.golem.es/distribucion/pelicula.php?id=315.

Hace unos años, el cine húngaro ya nos ofreció con Sin destino (2005) de Lajos Koltai, una dura indagación sobre la problemática de la infancia en un contexto bélico. En dicha película, adaptación de una novela del Premio Nobel Imre Kertész, se relataba los avatares por los que tenía que pasar un niño judío durante la II Guerra Mundial, con su amargo conocimiento de la realidad de los campos de concentración. Ahora, El gran cuaderno, adaptación de una famosa novela de la autora húngara Agota Kristof, va mucho más allá de lo que iba la película citada para contarnos cómo unos hermanos gemelos, casi al final de la contienda bélica, sufren una dura experiencia que les sirve para aprender, casi de golpe, toda la sordidez que el mundo encierra y cómo logran adaptarse a un entorno de violencia, hostilidad y falta de escrúpulos y mimetizarse con el mismo. En definitiva, El gran cuaderno nos relata un proceso de pérdida de la inocencia que conduce, fatalmente, a la insensibilidad más absoluta y a la pérdida de cualquier perspectiva moral.

Porque la moralidad (y su ausencia) es una dimensión fundamental de este film. Hasta cierto punto, su reflexión apunta a que la guerra se sustenta sobre la eliminación previa de cualquier tipo de inquietud moral en nuestros comportamientos. Sólo así, es posible que se apodere un punto de vista  deshumanizador hacia nuestros semejantes y, a partir de ahí, la brutalidad más extrema se haga presente y predominante. Evidentemente, a continuación, esa cultura y esa conducta se transmiten a los más jóvenes, a todos aquellos que se están formando y que están forjando su carácter y que convierten en referentes a quienes hacen gala de su capacidad de daño y sojuzgamiento.






El gran cuaderno es una película dura y sin concesiones, de una inmensa dureza emocional, pero que es absolutamente lúcida en su retrato de cómo es posible que una cultura de la violencia y el autoritarismo pase de una generación a otra. Dotada de un ritmo implacable, János Szász consigue un gran nivel de todo el reparto (debiendo destacar, por supuesto, el trabajo de los gemelos protagonistas), en la medida en que los intérpretes eluden toda tentación de tremendismo y sobreactuación para basar su labor en la sobriedad y en la contención. Asimismo, las escalofriantes metáforas visuales que se van desplegando a lo largo de la narración son el contrapunto magistral para expresar el mensaje implícito que sus duras imágenes encierran.

Con una de las reflexiones más agudas que hemos visto en todo el cine de los últimos años, El gran cuaderno, pese a su discreta trayectoria en las pantallas españolas, es uno de los indiscutibles grandes títulos de este año 2014, que culmina con uno de los finales más impactantes que hayamos visto jamás en una gran pantalla.


Nota (de 1 a 10): 9.

Lo que más me gustó: Una historia sin concesiones. Unas metáforas visuales que inducen al escalofrío. Las interpretaciones de los gemelos protagonistas. El impactante final.

Lo que menos me gustó: Su dureza emocional no la hará digerible para muchos espectadores.


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