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sábado, 29 de noviembre de 2014

THE ACT OF KILLING, EFECTOS SECUNDARIOS y DOS VIDAS



ASIGNATURAS PENDIENTES

Las películas que hoy comentamos tienen en común que versan sobre engaños, manipulaciones y distorsiones de la realidad.

THE ACT OF KILLING (o los torturadores se confiesan)

TÍTULO: The Act of Killing. TÍTULO ORIGINAL: The Act of Killing. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Dinamarca-Noruega-Reino Unido. DIRECCIÓN: Joshua Oppenheimer y Christine Cynn. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Carlos Arango de Montis y Lars Skree. MONTAJE: Nils Pagh Andersen, Erik Andersson, Charlotte Much Bengtsen, Ariadna Fatjó-Vilas, Janus Billeskov Jansen, Mariko Montpetit. PÁGINA WEB OFICIAL: http://theactofkilling.com/ y http://www.actofkilling.com/.

No exagero un ápice cuando digo que The Act of Killing es uno de los documentales más importantes de toda la historia del cine. Y ello, a pesar de que su punto de partida es una mentira, una gran mentira que sirve para mostrar la verdad desnuda y sin tapujos.

Entre 1965 y 1966, en Indonesia, se desató una brutal represión en el contexto del ascenso al poder del presidente Suharto. Con la excusa de perseguir a los comunistas, se desarrolló, a través de organizaciones paramilitares, una política de detenciones masivas de opositores y de representantes de minorías como la china, que llevó al asesinato de más de 500.000 personas. El equipo de The Act of Killing estableció contacto con varias de las personas que habían participado como agentes represores colaborando en la tortura y ejecución de los detenidos y les dijo que iban a hacer una película, con ellos mismos como protagonistas, en la que iban a glorificar su actuación Esa premisa sirvió para infundirles confianza y que hablaran de forma desinhibida sobre qué hicieron, cómo procedieron y cómo tuvo lugar la explosión de violencia institucionalizada amparada por la dictadura. Y ello sirve para proporcionarnos uno de los documentos más espeluznantes que hayamos podido ver jamás en una pantalla de cine.





viernes, 14 de noviembre de 2014

OPEN WINDOWS y STELLA CADENTE



ASIGNATURAS PENDIENTES

En nuestra sección Asignaturas pendientes, hoy hablamos de dos películas españolas que, cada una a su manera, explora territorios nuevos y desconocidos: Open Windows de Nacho Vigalondo y Stella cadente de Luis Miñarro.

OPEN WINDOWS (o cuando internet ya es –casi- la realidad)

TÍTULO: Open Windows. TÍTULO ORIGINAL: Open Windows. AÑO: 2014. NACIONALIDAD: España-Estados Unidos. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Nacho Vigalondo. MÚSICA ORIGINAL: Jorge Magaz. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Jon D. Domínguez. MONTAJE: Bernat Vilaplana. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero, Daniel Pérez Prada, Jake Klamburg, Nacho Vigalondo, Carlos Areces, Raúl Cimas, Michelle Jenner, Julián Villagrán. PÁGINA WEB OFICIAL: http://es.eonefilms.com/films/open-windows.

Nacho Vigalondo, con sólo tres largometrajes, se ha convertido en un realizador con una de las miradas más originales del panorama cinematográfico español.  Los cronocrímenes (2007), la cual influyó, incluso, en la trama de la quinta temporada de la serie Perdidos (Lost), situaba una historia de carácter fantástico (relacionada con viajes en el tiempo) en un entorno banal y cotidiano. Con Extraterrestre (2011, http://elespectadorimpertinente.blogspot.com.es/2012/03/luces-rojas-y-extraterrestre.html), sucedía algo similar ya que la aparición de una nave alienígena venía a complicar la situación de un extraño triángulo amoroso y de unas peculiares relaciones vecinales. Cuando nos habíamos acostumbrado a las marcianadas de este director cántabro (ahí están, además, los cortometrajes 7:35 de la mañana -2003- y Choque -2005- para demostrar que dicho término es absolutamente apropiado), Open Windows supone un giro sorprendente e inesperado en su carrera, ya que este film supone un salto tanto cualitativo como cuantitativo en el aspecto técnico.

Todos sabemos la importancia que internet ha cobrado en la vida actual. Todos hemos acabado viendo la realidad a través de un intermediario digital constituido por páginas web, redes sociales, webcams, llamadas a través de Skype e imágenes y vídeos de baja resolución cuyo contexto siempre supone una incógnita y un misterio. En medio de tal maremágnum, cabe plantearse si nuestra percepción de las cosas coincide con lo que, en el fondo, es la auténtica realidad o si, incluso, dicha percepción se ha convertido en la realidad en la que estamos instalados, escurridiza, ambigua y dispuesta a desvanecerse del mismo modo que una pompa de jabón.